La incorporación de generación de baja potencia en las redes de menor tensión de las Distribuidoras disminuye las pérdidas de transmisión en alta tensión y hasta cierto punto las de red de baja.

Si consideramos, por ejemplo, la producción de energía eléctrica a través de paneles fotovoltaicos, encontramos que de acuerdo su ubicación éstas tendrán mayor o menor producción horaria con ciertas variaciones de acuerdo a la época del año.

Las curvas representadas corresponden a los promedios de los cuatro trimestres del año. La central corresponde al promedio anual.

Esa producción variable de energía eléctrica a su vez tendrá un comportamiento determinado con relación a su propia curva de consumo. La que podrá superar o no, en cada instante a su propia demanda y que incluso podría ser superior a su demanda máxima prevista, dónde la Distribuidora hizo los ajustes necesarios en su red para satisfacerla adecuadamente.

Ahora bien, si consideramos que el comportamiento de las pérdidas eléctricas sigue leyes físicas que expone un comportamiento dependiente del cuadrado de la corriente, se demuestra que a partir de un cierto punto las pérdidas de red tienden a incrementarse.

Incluso podrían verificarse condiciones donde la red de distribución requiera de inversiones adicionales para sostener una capacidad de inyección para la que no fue previamente diseñada.

El comportamiento de esas pérdidas depende de múltiples variables, como ser: la ubicación de la generación distribuida en la red de distribución, su topología y estructura de red, el perfil de demanda de la red, el grado de penetración de la generación distribuida en la red y el perfil de producción que modifica los sentidos de los flujos, etc.

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En forma simplificada las pérdidas de red aumentan conforme mayor sea su penetración hasta llegar a un límite a partir del cual no se evitarían más pérdidas de red por más que se conectaran más plantas.

Por otro lado, la conexión de generación distribuida en la red de distribución incrementa el número de variables que la empresa Distribuidora debe controlar para saber: cómo, cuándo y dónde se inyecta y se consume energía eléctrica.

Esto requiere que el Distribuidor efectúe inversiones para adaptar la red a los flujos bidireccionales, redimensionar los centros de transformación e incrementar su gestión operativa-comercial.

Se debe tener en cuenta que las redes se diseñan por el requerimiento de potencia y no por consumo y que la autogeneración no implica que la demanda eléctrica desaparezca, sino que parte de ésta deberá ser suministrada por la propia instalación de autogeneración y el resto a través de las redes de transporte y distribución.  Por ello, la red no puede faltar cuando la autogeneración no esté disponible.

La responsabilidad de los distribuidores se focaliza fundamentalmente en planificar, expandir, operar y mantener la red de distribución y cumplir con ciertas condiciones de calidad prefijadas.

Esas redes eléctricas se diseñan para satisfacer con energía eléctrica los picos de consumo máximo simultáneo de baja probabilidad de ocurrencia. Ahí intervienen variables que deben considerar, entre otras cosas, el sentido de los flujos de potencia; criterios de mallado en diferentes niveles de tensión, impacto de las pérdidas técnicas, etc. Un inconveniente que presenta el autogenerador distribuido es que al tratarse de una generación cuyo control no está centralizado en un operador del sistema (de la jurisdicción correspondiente), sino que depende de las circunstancias de sus propietarios, complica la operación del sistema en su conjunto afectando especialmente a los Distribuidores.

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Por lo que la inserción de Generación Distribuida podría inducir al Distribuidor, a que afronte una serie de inversiones sobre su red. Surgiendo como necesaria una apropiada integración de este tipo de generación a través de una adecuada regulación que permita al distribuidor gestionar su red correctamente.

En ese sentido, incluso, debera avanzarse, en la definición del Operador del Sistema de Distribución, especificando sus incumbencias jurisdiccionales, gestión técnica y procedimientos operativos con analogía a lo exigible para el operador del Sistema Interconectado.

Dado que la generación distribuida, en principio, NO reduce los costos fijos del sistema (mantenimiento de las redes de transporte y distribución) ni los costos ajenos al suministro que se encuentran imputados a la energía, se debe verificar que los mismos no se prorrateen sobre aquellos consumidores que no dispongan de instalaciones de autogeneración. Debiéndose verificar que no se produzcan eventuales distorsiones, donde se beneficiarían aquellos con mayores posibilidades económicas para afrontar la instalación del equipamiento de generación mientras demanden de respaldo de la red eléctrica.

Por lo expresado sintéticamente, la regularización del autogenerador distribuido requiere de un análisis detallado, así como la adopción de medidas encaminadas a regular los aspectos técnicos y administrativos correspondientes a la conexión física de la generación distribuida, de los aspectos económicos, para lo cual se deben considerar las diferentes modalidades de autogeneración y la estructura actual de las tarifas aplicadas. El desarrollo de la autogeneración tiene implicancias frente a los costos regulados, las posibilidades y condiciones de financiamiento, la relación de los Agentes del sector, el medioambiente y la economía en general, que deben evaluarse específica y detalladamente con el fin de evitar asimetrías entre los costos y los beneficios resultantes de la aplicación de esta tecnología.