Durante el mes pasado la CADER elaboró un detallado informe sobre el sector eléctrico denominado “Reporte Ejecutivo del Sector Eléctrico”.

Allí indica que “en la Argentina, el consumo per cápita se duplicó en los últimos 25 años, mientras que la demanda residencial se incrementó aún más, 5 por ciento anual. En este contexto, nuestro país requiere incrementar cada año la capacidad instalada alrededor de 900 MW para satisfacer la creciente demanda eléctrica”. Vale aclarar que las perspectivas no tienen en cuenta un concepto de eficiencia energética.

El documento propone que “para satisfacer la demanda eléctrica hasta el 2021 inclusive, será necesario incorporar 7.000 MW de nueva generación”. Explica que además de los 900 MW anuales habría que sumar otros 2.000 MW para “recuperar la reserva absorber la baja de equipamiento térmico obsoleto” y “enfrentar en mejores condiciones las altas demandas de baja probabilidad (invierno/verano)”.

Hay que reconocer que durante la etapa kirchnerista el consumo energético creció abruptamente debido a la reactivación industrial y actividad económica comercial y residencial que atravesó el país.

En ese sentido, según publicó en marzo del 2015 el Ministerio de Planificación Federal, para hacerle frente a la demanda se pusieron en ejecución 2.591 MW.

Algunas de estas obras ya se han concretado, como la presa recientemente inaugurada de Punta Negra (65 MW), sin embargo, y puntualizando en este proyecto, la presa se montó más con el objeto de mitigar sequías que para generar energía eléctrica. Pero mucho de estos proyectos continúan el desarrollo de tecnología fósil en Argentina.

Sólo el 38, 25 por ciento de los proyectos son alternativos a los combustibles fósiles. La respuesta a la pregunta de por qué el gobierno sigue insistiendo en las centrales térmicas fósil a pesar de que el combustible debe ser importado radica en que son de rápido montado y no requiere de gran volumen de capital inicial, a comparación de algunas renovables. Una solución rápida a la demanda energética que se diferencia de las presas y la energía nuclear que demoran más de un lustro en montarse.

No obstante, la CADER en su informe propone y justifica otras alternativas renovables.

Si bien reconoce que entre las fuentes capaces de ingresar más rápido al sistema de generación para cumplir la demanda prevista están las térmicas de tipo turbogás y las térmicas en base a motores reciprocantes de alta eficiencia, hacen hincapié sobre otras que abundan en nuestro suelo, son amigables con el medioambiente y más competitivas que las que funcionan con combustibles importados: las térmicas que utilizan biomasa como combustible (turbo vapor o motores), las centrales eólicas y las solares fotovoltaicas y solares de concentración.

Eólica

Incorporar 2.000 a 3.000 MW de generación eólica es factible y económicamente conveniente para el sistema eléctrico de nuestro país. Las centrales eólicas instaladas en Rawson y Puerto Madryn demuestran que granjas eólicas de potencias de 50 a 100 y 200 MW pueden ingresar en el sistema interconectado nacional en 12 a 18 meses con todas sus unidades disponibles.

Asimismo, las granjas eólicas presentan una generación anual sostenida con más de 5.000 horas al año y factores de capacidad del orden del 35 al 39 por ciento. Es decir, las turbinas, aunque poseen factores como el mencionado, operan generando energía y potencia a distintos niveles por más de 5.000 horas anuales”.

“La instalación y puesta en marcha de generación eólica es una de las alternativas más económicas, a corto plazo, para generar parte de la energía necesaria para cubrir las demandas del país”, aseguran desde la CADER.

Biomasa

Se puede operar con centrales de biomasa de baja potencia de hasta 10 MW con un factor de uso superior al 80 por ciento anual. Con una distribución territorial absolutamente competitiva con las centrales “delivery”, se sustituiría el uso de Gasoil por biomasa renovable con una mejor calidad de prestación y servicio, mediante motores de alta eficiencia capaces de utilizar biocombustibles”.

Los mismos podrían ser accionados por productos del procesamiento de biomasa, como aceite vegetal, o gases sintéticos, entre otras alternativas en motores reciprocantes o turbinas de vapor de pequeño módulo”.

Solar

En los últimos años, el desarrollo de las tecnologías que posibilitan el aprovechamiento de la radiación solar ha mejorado en eficiencia y en precio, tanto en la conversión directa en electricidad (solar fotovoltaica) como en el aprovechamiento térmico, de alta, media, y baja temperatura, sea para generar electricidad o para uso del calor”.

Para la instalación de centrales con potencias significativas, nuestro país cuenta con un gran número de sitios muy atractivos por tener bajo costo de tierra, alta radiación solar y buenos puntos de conexión a la red disponible (NOA y Cuyo principalmente, aunque existen puntos óptimos en casi todo el país). En esta opción tecnológica, los costos han caído significativamente y se espera que continúen haciéndolo, en el futuro cercano”.

Los primeros contratos celebrados hace 5 años en la Argentina estaban alrededor de los 560 USD/MWh, mientras que hoy rondan los 240 USD. Este precio podría reducirse sustancialmente si el marco regulatorio y las líneas de crédito fueran los adecuados. Con tasas y períodos de repago competitivos conforme a valores internacionales del sector, como por ejemplo los casos de Brasil, Chile y Uruguay, las tarifas locales serían sensiblemente más bajas”.