Serendipia, le dicen algunos, y es algo así como una casualidad inesperada, un descubrimiento sorpresivo y, a veces, casi providencial. Y justamente la obra de este fenómeno es lo que unió a Diego Mariani y Roberto Peloni (ambos referentes indiscutidos del nuevo musical) con Marina Lamarca y Juan Alejandro Germaná, una pareja de artistas que, pese a haber trabajado siempre en oficinas, soñaban con dar el salto que les permitiera entrar de lleno en el mundo que les apasiona. ¿Qué los hizo confluir? Un sueño en común, la idea de crear un teatro propio que ofreciera un plus: el de ser un espacio sustentable.

Desde la primera reunión, todo fluyó y hoy los cuatro esperan inaugurar el primer teatro sustentable de la Argentina en junio de 2015. Border será su nombre, en alusión a que allí funcionó, tiempo atrás, un centro de salud mental. «La idea nos surge por separado. Con Marina siempre planteamos que nuestro sueño fue la opción de tener algo propio, aunque tener un teatro nos parecía imposible. Y siempre pensábamos en un café donde hubiera un espacio de representación, porque eso es lo que queríamos: un espacio. Y lo que parecía imposible empezó a tomar forma«, cuenta Alejandro. «Se sumó esta pata de la sustentabilidad porque queríamos que hable de algo«, agrega Marina.

Sentado frente ellos, Diego Mariani, aún sorprendido, relata: «Con Roberto veníamos hablando de buscar una manera nueva de enseñar, dentro de lo que hay, pero con otro plus, pensando también en la formación de comedia musical, donde se busque formar actores que puedan cantar, o actores que puedan hacer acrobacia o bailar, y no al revés. Hablo con Mariano Torre, que es muy amigo mío y me dice: «Hay dos personas que quieren hacer lo mismo que ustedes». Mariano tiene ese don de ser el 9 del equipo, el que mete el gol. Nos juntamos con ellos y hay algo que se dio en esa primera charla… supimos que estábamos en lo mismo«.

¿En qué consiste el carácter sustentable del teatro? Al haber decidido construirlo de cero, hasta el más mínimo detalle está pensado en función de una consigna ecológica: se llevó a cabo un estudio de asoleamiento del suelo que permitió pensar la orientación para que el edificio recibiera la ventilación óptima y para que aprovechara la iluminación natural el mayor tiempo posible (de este modo ahorrará energía eléctrica).

En los cimientos se utilizaron ladrillos realizados con pilas desechadas, tendrá un techo verde y jardines verticales y contará con paneles fotovoltaicos y un sistema de optimización del consumo de agua. «La idea es que sea un espacio que sirva de plataforma para transmitir este mensaje y empezar a educar sobre la base de esos valores«, dice Alejandro.

Por su parte, Roberto Peloni, acostumbrado al arte de la autogestión, asegura: «Si pienso toda mi historia desde mi infancia hasta ahora, la fórmula fue siempre ésta: soñar en grande. Vengo de una familia muy humilde donde cualquier cosa era soñar en grande y, como actor, siempre quise tener mi espacio propio, porque el teatro es nuestro templo. En este caso, fueron ensamblando las piezas y todos pudimos sumar para poder construir nuestro sueño. Todavía no puedo creer que el año que viene tendremos nuestro teatro y nuestra escuela».

Border contará con una sala teatral, un salón de danza, un espacio más reducido para propuestas musicales, un bar; además, funcionarán también allí la escuela mencionada y una galería de arte. El teatro contará con 120 butacas con visibilidad total, acustizada profesionalmente, cuya pared de fondo será rebatible y permitirá que se cree una «sala» exterior llamada La Invertida, dejando así un teatro de dos frentes.

«Acá somos cuatro artistas generando un espacio diferente. Le estamos poniendo todo el corazón para que fluya», dice entusiasmada Marina. A la hora de pensar un nexo entre la sustentabilidad y el arte, Diego Mariani señala: «El arte también recicla: porque hay una energía que yo, como artista, depuro y es algo que al espectador también le sirve y que circula«.

La comunidad teatral ya está esperando ansiosa la llegada de Border (que funcionará en Godoy Cruz 1838), un nuevo desafío a los límites y las convenciones de una escena teatral que nunca deja de sorprender..