La tecnología de blockchain está revolucionando la manera en la que pensamos los intercambios económicos. Pero sobre todo nos hace ver las posibilidades de ser aplicada en el intercambio de energía.

Blockchain, es conceptualmente un sistema de contabilidad descentralizada que permite registrar transacciones de manera segura y transparente.

Existen proyectos en marcha a nivel mundial en los que es utilizada para registrar los intercambios de energía entre distintos puntos.

Y también es asociada a los «Smart Contracts» (contratos inteligentes), que terminan por estructurar un sistema de intercambio de energía eficiente y autogestionable, innovando además del punto de vista tecnológico sobre la lógica comercial.

La propuesta que comparto, surge de pensar en multiplicar los impactos positivos que puede brindarnos cada tecnología desarrollada. Y, generalmente, esto se logra cuando ampliamos sus ámbitos de aplicación.

La Argentina, por caso, tiene una historia de crisis monetarias crónicas. Y la inflación es una variable que a los argentinos nos merece una atención especial, dado que configura uno de los problemas más difíciles de erradicar. Sin dudas, será este «ADN Nacional» el que nos impulse a pensar en este nuevas ideas.

En concreto, lo que propongo es pensar en desarrollar una criptomoneda respaldada en energía renovable. La idea es tan simple como crear un criptoactivo.

Pero en vez que su valoración sea solamente el resultado de la oferta y la demanda en el mercado, como se da en el caso de BitCoin o Ethereum, planteo respaldar por un bien real: KWh generado a partir de fuentes renovables.

Si pensamos que en la actualidad el blockchain se está utilizando para crear criptomonedas, que en definitiva funcionan como un bien de cambio, y por otro lado estamos utilizando la misma tecnología para intercambiar energía ¿Por qué no fusionar ambas ideas?

El sistema, la clave

Cada vez que un usuario genera energía renovable, como puede ser el caso de los prosumidores que tenemos en la provincia de Santa Fe, Argentina, cada KWh generado es cargado en su billetera electrónica, y a partir de allí puede elegir si pagar su factura eléctrica con esos KWh u otro bien y servicio con esa criptomoneda.

¿Otros bienes?

Para que un activo sea utilizado como dinero o bien de cambio debe tener una alta aceptación. Y aquí viene la clave: utilizar la energía como una moneda.

Todos consumimos energía eléctrica, por lo tanto, estamos vinculados con la distribuidora de energía que nos provee de este servicio. Y en definitiva todos los usuarios de energía son personas que potencialmente aceptarían esta moneda, gracias a que en la práctica tienen que afrontar la factura de energía eléctrica.

Es importante entender que, esta red de intercambios, se daría en las zonas de cobertura de cada distribuidora. Y es la compañía quién brindaría la seguridad a los usuarios, en última instancia, intercambiando la moneda para pagar la energía.

Las distribuidoras serían como bancos centrales, pero de energía.

¿Cómo surge la idea?

La Argentina es uno de los países con más alta inflación del mundo, y siempre estamos buscando alternativas para protegernos de este problema. Nuestra moneda nacional, transita siempre al borde del colapso. Entonces… ¿Por qué no pensamos en otras monedas con respaldo real?

De allí surge mi propuesta de pensar los intercambios de energía con blockchain.

Otras aplicaciones

Sería una herramienta excepcional para fomentar la generación de energía renovable si creáramos programas en los cuales esta moneda sea aceptada con valores superiores a los KWh que los respaldan.

Imaginemos que empresas interesadas en invertir en sostenibilidad utilicen este incentivo de recibir los «token» a mayor valor. Y de esa manera llevar a la práctica sus políticas de sostenibilidad asociadas a sus marcas.

También debemos pensar en el gran impacto que produciría un programa de este tipo aplicado a nivel gubernamental: se estaría premiando la utilización de esta moneda traccionando su generación.

Además, existirían grupos de interés en el desarrollo de energías renovables que pueden realizar proyectos en conjunto. Así sucede en varias cooperativas que generan energía 100% eléctrica, quiénes bajo esta plataforma tendrían la posibilidad que sus usuarios generen una cadena de pago realmente comprometidos con el medio ambiente.

Pensemos en la oportunidad de hacer una asignación universal, pero en vez de hacerla en pesos, a partir de esta criptomoneda basada en energía renovable.

El mundo está pensando en este tipo de asistencia a partir de la crisis del COVID 19. Todos los procesos de asistencia social dependen de los presupuestos que destinen los gobiernos de turno, y están expuestos a los problemas de pérdida de la capacidad de adquisición producto de la inflación, dejando estos planes de asistencia sujetos a decisiones políticas del momento.

Si pensamos que podemos instalar un parque fotovoltaico que produciría una determinada cantidad de energía por año, y esta fuera asignada a un sector que deseamos asistir, estaríamos creando un programa de asistencia a 20 años, que es el tiempo de vida de los paneles solares.

Para quiénes no estén de acuerdo con las asignaciones universales, recomiendo ver la utilidad de esta herramienta en cualquier tipo de asistencia económica para el desarrollo de sectores productivos específicos.

Con esta propuesta, no se define una estrategia de política, sino una herramienta de gestión que puede ser utilizada para impulsar diversos programas de fomento.

Una política monetaria sólida y diversificada

La diversificación monetaria o creación de monedas complementarias es expuesta con mucha claridad por Bernard Lietaer en su libro «El futuro del dinero».

Allí, el experto explica el efecto positivo de crear monedas locales a los fines de estabilizar los sistemas económicos, dotándolos de resiliencia, a partir de la incorporación de vías de comunicación para los intercambios económicos materializados en la existencia de múltiples monedas.

Cabe destacar que el número de monedas distintas  tiene un límite a partir del cual el sistema se torna ineficiente desde el punto vista de la herramienta transaccional.

Siempre es importante tener en cuenta que la diversificación se produce en función de las necesidades de las distintas regiones. Y es por esto que, en el ámbito de la prestación de servicio de una distribuidora, se puede definir un sector geográfico para la aplicación de esta moneda.

Además, cabe resaltar la importancia que esta diversificación se produzca con una moneda de cambio y respaldo real.

La crisis del COVID ha puesto a los bancos centrales del mundo a imprimir billetes sin parar.  Sobre este punto, el economista argentino Carlos Melconian nos alerta de la situación proponiendo la impresión de una moneda llamada «Coronamoneda» que busque quitar la presión inflacionaria en el peso para que sea rescatada luego de algunos años cuando la pandemia cese sus efectos.

Entonces bien…¿Por qué no emitimos una criptomoneda respaldada con la generación de energía renovable para que se retire del mercado a medida se generen los KWh cuando sean utilizados para cancelar cuentas de luz? De este modo, se aseguraría la reabsorción de la emisión inicial.

Instalaríamos parques fotovoltaicos y emitiríamos todo el equivalente de la generación que producirá durante los próximos 20 años y con un respaldo genuino. Pero además adelantaríamos su circulación para sortear la crisis.

Me atrevo a pensar algunas ideas que no solo resuelven problemas económicos, sino que apuntan a la sostenibilidad.

Por último, quiero destacar que es imposible hablar de la transformación de una economía que debe mutar hacia la sostenibilidad, sin plantear las estructuras monetarias y financieras actuales.

Esta propuesta intenta comenzar a indagar cómo podemos repensar el modelo económico con las herramientas disponibles en la actualidad.

Descargar Documento Completo: «CRIPTOMONEDA 2020», elaborado por Maximiliano Neri