Para empezar, dos funciones clave de Blockchain pueden clarificar las posibilidades que, en un primer momento, puede brindar esta tecnología a un sector en crecimiento. Estas son: “almacenar información” y “operar comercialmente”.

Un ejemplo de esta primera función es aplicada por una mayor cantidad de actores al rededor del mundo. En este caso, se puede considerar a la Blockchain como una gran nube para almacenamiento. Allí se puede cargar información y guardarla. 

Entre las ventajas que esta tecnología ofrece es que el almacenamiento ser realiza con una lógica distribuida. En simples palabras, no guarda la información en un sólo lugar, sino que resguarda una copia idéntica de todos los movimientos realizados en cada nodo de la red. Los atributos que adquiere con esto es mayor seguridad (no se pueden corromper los datos) y transparencia (se puede seguir paso a paso cada movimiento). 

De allí es que muchos gobiernos han adoptado esta tecnología para resguardo de datos públicos, como los del sector de energía. Es el caso de Chile aplicado a la primer plataforma de datos abiertos de energía “Blockchain+Energy” en Latinoamérica. Una prueba piloto que, a través de la web “Energía Abierta” coordinada por la Comisión Nacional de Energía (CNE), registra información pública y la certifica. 

En este sentido es que el aprovechamiento de “Blockchain+Energy” que realiza el ente regulador de energía chileno no sólo es para almacenamiento de datos, sino que también funciona como un notariado digital que extiende “certificados de confianza” sustentados en la tecnología blockchain, ofreciendo mayor credibilidad a los datos del portal. 

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El horizonte es enorme. Esta lógica lleva a pensar que hasta los títulos académicos e historial laboral pueden ser certificados mediante Blockchain. Ya existen casos en Argentina de instituciones que ofrecen la posibilidad de certificar los títulos y alcances académicos de alumnos mediante esta tecnología. Sería interesante que nuevas especializaciones en energías renovables lo puedan incorporar; por el lado de las empresas, al rededor del mundo ya existen aquellas que reciben currículum certificados por esta vía.  

Para ello, las plataformas de Blockchain son muchas, la más popular es la utilizada en Bitcoin, otros son Ripple, Litecoin, Ethereum, etc. Sin embargo, para su aprovechamiento expertos que trabajan en el sector de las energías renovables recomiendan esta última.

“Ethereum es más moderna (data de 2013-2014), flexible (uno puede hacer variaciones de la plataforma) y ágil (más rápida para hacer transacciones)”, describió Aki Baravalle ejecutivo de Latin Renewables y consejero de Blockchain, energía y criptomonedas de la Red Greeneum.

A esta explicación Baravalle, agregó que la principal ventaja de Blockchain es que está armada por bloques de información que tienen lo que se llama “hash” (un numero de serie inmodificable, así como el contenido del bloque). Esto dota de inmutabilidad a la información. 

“Una vez que la información está registrada, hacia atrás no se puede modificar. Y si se quisiera modificar se deja una huella que es rasteable. Por que cada bloque de información está distribuido en miles de componentes del “hash” en miles de computadoras por el mundo”. 

De aquello es importante destacar que otra de las posibilidades de esta tecnología es la gestión de identidades, donde cada persona registrada tiene una ID en la cual se pueden resguardar datos privados y públicos, del cual se pueden desprender más aplicaciones. 

Por otro lado, con respecto a las transacciones de compra y venta, Blockchain las facilita a la vez de evitar intermediarios en su proceso. Esto podría impulsar la generación distribuida empoderando a prosumidores y usuarios compradores de energía limpia; como así también la reducción de huella de carbono de grandes usuarios.  

La venta de excedentes de energía generada estaría adecuada a las posibilidades del prosumidor para cubrir las necesidades de los compradores, sin que otra persona “lleve el control” sobre los acuerdos para el abastecimiento. Esto se llevaría a cabo mediante “contratos inteligentes”, otra de las posibilidades que Blockchain ofrece gracias al uso de lenguaje de programación para operaciones automáticas preestablecidas.

“En principio esto está pensado para realizarlo con criptomonedas. En el caso de realizarlo con dinero físico, el contrato inteligente tendrá que tener una instrucción final ahora sí con un intermediario, en este caso un banco”, aclaró Aki Baravalle. 

Una de las alternativas que surgió internacionalmente es la que por ejemplo impulsa la empresa Greeneum, que conecta oferentes y demandantes de energías renovables en su red, genera criptomonedas para facilitar la transacción y emite los certificados de huella verde o certificados de huella de carbono. 

En el proceso, Blockchain calcula y registra la energía generada y la plasma en el “libro contable” de cada generador. Una empresa que necesite compensar su huella de carbono puede comprar un certificado verde para dar cumplimiento a la reducción de gases que impactan sobre el cambio climático. Así, se genera un mercado libre de oferta y demanda que queda registrado en Blockchain.