En Argentina, más del 60 por ciento de la producción de maíz del país se exporta año tras año, y con ello se deja pasar la oportunidad de agregar más valor en origen, multiplicar el empleo y reducir costos logísticos y ambientales. Si se analiza la situación a nivel provincial, esta oportunidad es aún más evidente y necesaria de capitalizar considerando los costos derivados de transportar el grano hasta los puertos del Gran Rosario.

La industria de etanol en base a maíz posee oportunidades de desarrollo si se incrementa el porcentaje de corte de las naftas, generando entre sus co-productos la burlanda (en inglés DDGS, DriedDistillersGrainswith Solubles), un importante ingrediente alimenticio de la dieta animal.

Recientemente, el gobierno nacional incrementó el corte de etanol en los combustibles, elevándolo del 10 por ciento al 12 por ciento. Esta medida permite incrementar la producción de etanol de 800.000 a un millón de metros cúbicos, y fue capitalizada por el sector cañero del NOA, ya que la misma fue orientada a morigerar el efecto de la baja pronunciada del precio internacional del azúcar.

Sin embargo, algunos estudios están apuntando a elevar el corte con etanol hasta el 15% (en Brasil el corte es del 27 por ciento, y pruebas realizadas en el país con el 20 por ciento no han ofrecido complicaciones de performance en los motores modernos). Este incremento al 15 por ciento implicaría un volumen de 300.000 metros cúbicos más, por lo que -si de federalizar las oportunidades se trata- sin dudas nuestra región, y en particular nuestra provincia, debería apuntarse primera en la largada.

Ventajas de instalación

La instalación de una planta de bioetanol en nuestra provincia presenta oportunidades en las que confluyen muchos elementos positivos, entre los que se cuentan:

-La oferta estable de la producción de cereal para abastecer la industrialización.

-La presencia de un nodo logístico multimodalde combustibles en Puerto Vilelas, donde se podría realizar la mezcla y posterior distribución.

-Un enorme potencial de desarrollo de producción cárnica bovina, porcina, aviar y de huevos.

-La ausencia de otras plantas que generen una deseconomía por exceso de capacidad y superposición espacial.

-La proximidad del funcionamiento del gasoducto del NEA.

Los efectos directos de la radicación de un emprendimiento de este tipo se relacionan con la generación de empleo privado en origen y el incentivo a las producciones agropecuarias cercanas a la plantas de etanol, al ofrecer DDGS (burlanda seca) a un precio competitivo para los productores ganaderos, porcinos y aviares, generando un importante efecto dinamizador de la economía.

A su vez, el proyecto otorgará mayor estabilidad de demanda de maíz, permitiendo la incorporación de gramíneas en los sistemas productivos, promoviendo la sustentabilidad de los mismos.

Los efectos indirectos se relacionan entre otras cosas con las ventajas medioambientales y sociales que escapan a este artículo.

¿De qué se trata?

El bioetanol es un alcohol etílico de alta pureza, anticorrosivo y oxigenante que puede ser empleado como combustible mezclándolo con las naftas en diferentes proporciones.

Se obtiene a partir de biomasa de origen vegetal que contenga azúcares simples o algún compuesto que pueda convertirse en azúcares, como el almidón o la celulosa. Las especies vegetales a partir de las cuales se puede obtener el bioetanol son maíz, trigo, sorgo, cebada, remolacha azucarera y caña de azúcar.

Al ser una biomasa de origen vegetal, el bioetanol es considerado una energía renovable y su empleo disminuye ampliamente la emisión de gases contaminantes a la atmosfera, lo que es un gran aporte para disminuir la contaminación ambiental y, como consecuencia, el calentamiento global.

Consideramos en nuestro caso la posibilidad de radicar una planta de bioetanol a base de maíz. El almidón que contiene el cereal es el único componente que se transforma en alcohol. Para esto se utilizan enzimas específicas que hidrolizan el almidón y azúcares simples como la glucosa.

Así, como el almidón se transforma en bioetanol, hay dos co-productos (también llamado subproducto, pero por la importancia que tiene lo considero también parte esencial del emprendimiento y mejor llamado así) principales del proceso: el anhídrido carbónico y los granos destilados.

El anhídrido carbónico se obtiene en grandes cantidades durante la fermentación. Muchas plantas lo recogen, lo limpian de cualquier alcohol residual, lo comprimen y lo venden para ser usado como gasificante de las bebidas o para congelar carne. Los granos destilados, húmedos y secos -DDGS-, se obtienen del stillage, el cual se centrífuga para separar los sólidos suspendidos y disueltos. Un evaporador se utiliza para concentrar los sólidos suspendidos y disueltos y después se envían a un sistema de secado para reducir el contenido de agua a aproximadamente un 10-12 por ciento. Los DDGS contienen el núcleo del maíz menos el almidón. Algunas plantas también elaboran un jarabe que contiene algunos de los sólidos que pueden ser comercializados juntos o en forma independiente de los granos destilados.

Números rodando

De una tonelada de maíz se obtienen aproximadamente 400 litros de etanol, 300 kilogramos de burlanda (en base seca o DDGS) y unos 300 kilogramos de dióxido de carbono.

Si se apunta a instalar una planta que procese mínimamente 80 millones de litros de etanol/año (nominado por algunos entendidos como una base de operación mínima eficiente), se precisarán unas 200.000 toneladas de maíz para abastecerla. El Chaco, salvo en períodos de extrema sequía (2008/09), ha estado en condiciones de abastecer esa demanda sin sobresaltos.

En suma, de 200.000 toneladas de maíz procesado (el objetivo teórico planteado), se podrían obtener:

– 80.000 m3 de etanol

– 60.000 tns de DDGS (burlanda seca o granos de destilería de maíz desecados).

La producción de etanol puede ser absorbida por el consumo de combustibles, sin inconvenientes. Mientras que el DDGS presenta un volumen considerable que debe ser balanceado con la demanda no sólo en cantidad, sino en espacialidad temporal.

Con ayuda del INTA, presentamos las tasas de consumo de DDGS para ser usado como alimento para cerdos, aves y rumiantes. En rumiantes para engorde a corral, una conversión media de 6 a 1 se puede usar hasta un 35 a 40% en la ración. Las raciones se estiman cercanas al 1,5% del peso vivo y tomando como referencia un novillo de 450 kilogramos. Es decir que para llevar del destete a terminación hay que hacerle ganar 300 kilogramos, consumiría unos 1800 kilogramos de ración cada animal. Para ello, se podrían utilizar entre 600 y 700 kilogramos de DDGS por novillo terminado.

Como datos aproximados para cerdos, se puede usar hasta el 15% de la ración. Para una conversión de 3.5 a 1 y tomando como referencia un capón terminado de 100 kilogramos serían unos 50 kilogramos máximos de DDGS por capón producido.

Destinado a raciones de aves se puede utilizar en promedio hasta el 10%. Para una conversión de 2 a 1 para un pollo terminado de 2,7 kilogramos. Para este caso serían 540 gramos DDGS/ pollo terminado.

Así, el destino de las 60.000 toneladas de DDGS se podrían utilizar estimativamente para la producción de:

– 92.000 novillos a 450 kilogramos

– 1.200.000 capones de 100 kilos

-110.000.000 de pollos de 2,7 kilogramos

O una combinatoria de ellos.

Esta cantidad de DDGS, que si bien al ser un producto seco y de características organolépticas estables puede ser transportado con un menor costo -y aún exportado- implica todo un desafío productivo, comercial y logístico.

Lo que algunos autores y experiencias norteamericanas aconsejan es que la demanda de DDGS se encuentre en un radio inferior a los 100 kilómetros de la planta. Esta cuestión debe ser considerada en el análisis de factibilidad y de localización de la industria, ya que debe existir una demanda capaz de absorber esta oferta, con un entramado productivo, comercial y logístico eficiente, o sino también deben generarse como proyectos anexos al principal.

En cuanto a las 60.000 toneladas de Dióxido de Carbono (CO2), como fue mencionado anteriormente, muchas plantas lo recogen, lo limpian de cualquier alcohol residual, lo comprimen y lo venden para ser usado como gasificante de las bebidas, industria metalmecánica, extintores, entre otros.

El factor institucional en la inversión y competitividad

Por el año 2003-2004, cuando cursaba la Maestría en Agronegocios en la Facultad de Agronomía de la UBA, el “Negro” Ordóñez(ya fallecido) nos cacheteaba intelectualmente con la “Nueva Economía Institucional”, vinculando los conceptos de quienes alcanzaban los Nobel de Economía con los desafíos y frustraciones de nuestra coyuntura.

Sobrevolábamos entonces el Análisis Económico del Derecho con Ronald Coase (Nobel de Economía 1991) y el rol que las instituciones desempeñan en el sistema económico. A fines de los ‘90, Coase sintetizaba en estas declaraciones parte de su brillante aporte: “La productividad de un sistema económico depende de la especialización…Pero la especialización depende del intercambio… Y cuanto más bajo es el costo del intercambio (costo de transacción) mayor será la especialización, mayor el desarrollo y más alto el nivel de vida de las personas… Sin embargo, el nivel de costos de transacción depende de las instituciones de un país, de su sistema legal, de su sistema político, de su cultura”.

Con Oliver Williamson (Nobel de Economía 2009) profundizábamos en el análisis de los costos de transacción. La teoría de Williamson señala que los agentes económicos están dotados de racionalidad limitada, básicamente comportándose de una manera oportunista. El punto de partida de Williamson y de la teoría de los costos de transacción, está en postular que toda transacción económica engendra costos previos a su realización, ligados a deficiencias propias del mercado, como ser la búsqueda de información (asimétrica), a la prevención respecto del oportunismo de otros agentes, etcétera. Por lo tanto, ciertas transacciones pueden generar costos de concretización bastante importantes, y en consecuencia, los agentes económicos, en los hechos, pueden verse obligados o impelidos a buscar acuerdos institucionales o personales alternativos, que permitan minimizar o reducir esos costos de diferentes formas.

Llegado a este punto vale la pena traer de nuevo a Coase, quien destacaba que los emprendimientos privados no pueden funcionar correctamente a menos que se hayan creado sistemas eficientes de respeto de derechos de propiedad, además de tener un sistema eficiente resolución de disputas en caso de litigios.

Douglas North (Nobel Economía 1993) nos redondea la idea señalándonos que “…los mercados eficientes requieren un gobierno que no sólo especifique y haga cumplir una serie de derechos de propiedad sino que también disminuya los costos de transacción, y que opere dentro de un marco de actitudes hacia la honestidad, la integridad, la rectitud y la justicia que haga posible disminuir los costos de transacción por unidad de intercambio…La libertad de mercados no lleva implícita la eficiencia de los mercados. Los mercados eficientes implican un sistema legal bien especificado, un tercero imparcial, el gobierno para hacerlo cumplir, y una serie de actitudes hacia los contratos y el intercambio que alienten a las personas a realizarlos a bajo costo”.

De la teoría a la realidad

Luego de este breve pasaje por la Nueva Economía Institucional, es mi interés –como hacía el “Negro”, y aun siendo yo mucho más limitado que él- vincular estos conceptos con nuestras oportunidades y limitaciones y en especial en este caso con la posibilidad de radicar una planta de bioetanol en nuestra querida provincia.

La producción de etanol es un ejemplo de cómo la ciencia, la tecnología, la agricultura y la industria deben trabajar en armonía para transformar un producto agropecuario en un combustible y utilizar eficientemente sus co-productos.

La inversión estimada de una planta de este tipo es superior a los U$S 40.000.000 y una decisión de inversión de esta naturaleza implica mucho más que contemplar en el análisis los factores organizacionales y tecnológicos, sino fundamentalmente considerar elambiente institucional en el que se inserta.

Corte y cupos de etanol

El corte (porcentaje) de etanol que puede mezclarse con naftas depende de decisiones del gobierno y la comercialización del etanol está regulada por el Estado, mediante cupos que son asignados mensualmente por la Secretaria de Energía de la Nación. Las empresas que comercializan el combustible en el país, solicitan un determinado volumen de compra a ese organismo y éste es quien asigna el volumen de venta a cada una de las plantas productoras mes a mes.

Que la demanda del principal producto del proyecto se encuentre regulada, requiere de un marco de reglas de juego estables y participativas, con criterios de equidad, limitando el oportunismo y arbitrariedad. Este es un partido que debe jugarse y definirse previamente a lanzar la iniciativa.

Precio del combustible

Si bien cualquier proyecto privado está sujeto a las reglas de mercado, el caso de los combustibles requiere un tratamiento especial, pues el precio internacional del petróleo está influenciado por organismos de poder, como ser la OPEP. Según diversos enfoques, esta organización a lo largo de su historia ha boicoteado en numerosas oportunidades proyectos de producción de energía alternativa vía la reducción del precio del crudo por períodos de tiempo suficientes para mandarlos a la quiebra. Analizar la posibilidad de implementar un esquema de precio sostén puede ser de interés para garantizar la sustentabilidad de estos proyectos.

Consumo de energía

Una planta de etanol tiene un gran consumo energético, y para que sea eficiente debe trabajar todo el año, esto implica también los meses de invierno. Se puede realizar un diseño de planta que genere su propia energía, pero para hacer eficiente el proceso de secado, se requiere del abastecimiento de gas natural en forma continua. Como la oferta de este combustible está determinada por la infraestructura y capacidades que sólo el Estado puede proveer y/o regular, garantizar la estabilidad de provisión de este insumo es vital dentro del proceso productivo, ya que puede constituirse en un serio cuello de botella.

La radicación de una planta de etanol en nuestra provincia puede generar múltiples beneficios. Nos merecemos realizar un estudio serio de factibilidad, vinculando la ciencia, la empresa y el Estado, para articular un marco institucional, organizacional y tecnológico adecuado a fin de reducir los riesgos, los costos de transacción y el oportunismo y afianzar la sustentabilidad del emprendimiento.

Fuente: Diario Norte.