William «Bill» Richardson, dos veces gobernador de Nuevo México (2003-2010), ex embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas (1997-1998) y Secretario de Energía (1997-2000), se refirió al “poder blando” que podría ejercer la administración Biden en el hemisferio occidental y a sus deseos de una transición sostenible en Latinoamérica y el Caribe.

Ayer, durante su discurso de apertura en un evento del Instituto de las Américas insistió en que “construir consensos es una de las cuestiones clave” para la prosperidad económica, estabilidad política y seguridad.

¿Cómo hacerlo? Primero, consideró que el respeto a los acuerdos internacionales es crucial. Allí entraría en juego el Acuerdo de París como un eje central.

“Al final, el juego a largo plazo es lo realmente importante”, valoró Richardson, en referencia al cambio climático.

Empiezan entonces a cobrar sentido los nuevos tratados que puedan lograrse para impulsar acciones concretas para detener emisiones a nivel global.

Por ello, no dudó en decir: “Quiero ver un nuevo acuerdo comercial de energías renovables”.

“Lo que tenemos que hacer es trabajar juntos para construir un futuro mejor en las Américas”.

Desde la óptica del demócrata, las voluntades políticas podrían ser una barrera, pero estas se superarían con diplomacia. De allí, se refirió a dos países latinoamericanos con gran atractivo para impulsar este tipo de acuerdos con Estados Unidos: México y Brasil.

“No es un secreto que AMLO y Trump tienen una relación personal muy fuerte, como así la tiene también Trump con Bolsonaro en Brasil”, introdujo Richardson, insinuando influencias y preferencias de estos hacia combustibles fósiles.

No obstante. No vería eso como casos perdidos y compartió su deseo de que estos grandes mercados de la región repliquen a Biden con el Biden Deal y continúen con el cumplimiento del Acuerdo de París.

“Espero que México pueda dar marcha atrás a la promoción exclusiva de combustibles fósiles y no desalentar a las inversiones de Estados Unidos o de España que han encontrado la forma de trabajar en energías renovables integralmente”.

“Presidentes previos lo hicieron, como Peña Nieto. Y creo que será un problema si no se hace ahora, por el nuevo NAFTA o T-MEC. Ojalá Canadá pueda cumplir una función de intermediario”.

En el caso brasileño, reafirmó que el cambio climático es un área en el que ambos gobiernos pueden colaborar significativamente. La reforestación del Amazonas sería un asunto por atender y en el que todos se deberían involucrar.

Así mismo, se refirió a “lazos económicos” que se podrían trazar entre ambos países. Puntualmente, marcó la opción de trabajar sobre libre comercio.

“Me gustaría ver un acuerdo de libre comercio de algún tipo entre Estados Unidos y Brasil, en algunos productos o proyectos tecnológicos para responder al cambio climático”, sugirió.

¿Qué hay con el Caribe? El gobernador Richardson también se refirió a estas islas. Entre los lugares que resaltó, indicó la necesidad de resolver situaciones de suministro energético en países como Cuba y Jamaica.

Como problemática, indicó que existe una “inversión china masiva”, que si bien no es un problema mayor en las islas, sí impactaría negativamente en el empleo de profesionales locales por el hecho de que los chinos exigen trabajadores de su nacionalidad en las obras que se encaran con su financiamiento o EPC.

Una situación similar se da con algunos países de Sudamérica y, al respecto, mencionó la alta presencia de inversión asiática en Bolivia o Venezuela e indicó que se debe ser estratégico en dónde avanzar con nuevas inversiones.

“China seguirá invirtiendo en Latinoamérica porque tiene tanto capital y aquí hay naciones dependientes de ese financiamiento. Pero no necesariamente Estados Unidos debe competir en esa área”.

“Los mercados también deben ser parte de esto, no debe ser sólo fondos de Gobierno. Las empresas de energías limpias necesitan al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y otras entidades para promover tecnologías renovables. También es el modo de hacerlo”, afirmó.