La competitividad de las energías renovables se evidenció nuevamente en el año 2019. El 72% de toda la nueva capacidad instalada a nivel mundial para la generación de electricidad correspondió a estas fuentes de energía.

De hecho, en 7 de los últimos 8 años se ha instalado una mayor la capacidad de renovables que de combustibles fósiles a nivel mundial. Además, de la nueva capacidad renovable que se instaló el año pasado, el 90% correspondió a sólo dos tecnologías renovables no convencionales: solar y eólica.

Su competitividad se ha basado en una reducción continua de costos: más de 80% para la energía solar fotovoltaica y un 46% para la energía eólica desde el 2009, si nos referimos al costo nivelado de electricidad.

Los costos han disminuido en gran medida debido a economías de escala en el mercado y a mejoras en eficiencia en toda la cadena de suministro. Esto también está asociado a políticas de incentivos, por ejemplo, a través de licitaciones, que son muy populares en América Latina.

La pregunta que se plantean los inversionistas y en especial, los gobiernos de todo el mundo, es si esta competitividad se mantendrá en los años por venir.

Encontrar la respuesta a esta pregunta es también fundamental para los organismos de planificación de energía, ya que su tarea es precisamente buscar el balance entre las necesidades energéticas futuras de sus países y poderlas cubrir de la manera más costo eficiente con base en los recursos disponibles: renovables y no renovables.

Otro elemento importante que hace este ejercicio mucho más complejo es la necesidad de considerar escenarios sostenibles desde la perspectiva medioambiental y así promover la transición energética. El cambio climático continúa siendo el reto global más importante de nuestra generación.

Análisis de evolución costos de las renovables en América Latina

Con el fin de ayudar a los gobiernos de la región con este ejercicio de planificación, el BID ha desarrollado el estudio de evolución futura de costos de capital de las energías renovables no convencionales.

Además de ofrecer un análisis internacional sobre las tendencias actuales de costos de la energía eólica, terrestre y marina, solar fotovoltaica y el almacenamiento de energía, el estudio hace por primera vez un análisis específico para diez países de la región de la evolución de costos de capital teniendo en cuenta el contexto local.

Si bien el costo del “combustible” de estas tecnologías como tal, sol, viento y agua, es cero, el costo final de la tecnología en un mercado en particular está ligado también a otros factores y variables de tipo técnico, regulatorio, fiscal y de política energética.

Estos factores se analizan para cada país, dándole a los planificadores una herramienta muy importante para que puedan tomar una decisión más informada sobre el comportamiento futuro del costo de las tecnologías.

No podemos dejar de considerar también la actual crisis sanitaria y sus posibles impactos sobre la competitividad de las renovables. Si bien la situación actual puede impactar y desacelerar de manera significativa el desarrollo de nueva capacidad de generación de energía de todas las fuentes, incluyendo las renovables, la propuesta de valor que las ha llevado a ser las más competitivas sigue siendo válida y atractiva para inversionistas y sociedad en general.

Con el fin de analizar estos impactos específicos de la pandemia en la industria eólica y de energías renovables en general el BID, en una alianza con el Consejo Mundial de Energía Eólica (GWEC, por sus siglas en inglés), inició una serie de reuniones virtuales como punto de encuentro de la industria.

El primero de estos eventos, Industria Eólica y COVID-19: Impacto en América Latina se realizó el viernes 24 de abril, donde los principales actores del sector eólico en América Latina, incluyendo las asociaciones de energía eólica y renovables de Brasil, México, Chile y Colombia, pudieron discutir los retos y problemas que plantea la crisis para el desarrollo del sector.

GWEC también dispone de un centro de respuesta al COVID-19 con información actualizada de las acciones que los gobiernos están llevando a cabo para mitigar los efectos de la crisis.

COVID-19 y la inversión en renovables

Justamente en tiempos de incertidumbre son las renovables las que pueden proporcionar la certidumbre a largo plazo que requieren los mercados. Ya que son los gobiernos los responsables de impulsar de manera directa o indirecta el 70% de las inversiones en el sector energético a nivel mundial, es fundamental que el sector de las energías renovables esté incluido dentro de los programas de estímulo a la economía, entre otras por las siguientes razones:

  • La recuperación a corto y mediano plazo de la actividad económica debería estar alineada con objetivos de largo plazo como la sostenibilidad de las inversiones en un contexto de transición energética,
  • El carácter descentralizado de las energías renovables las convierte en una fuente intensiva de trabajo proporcionando alivio a países en busca de nuevas alternativas de empleo para la población afectada laboralmente durante la crisis,
  • De todas las formas de generación eléctrica, la solar y eólica son las tecnologías que presentan menores sobrecostos y retrasos en su fase de construcción , por lo tanto, son las más confiables al momento de querer reactivar de manera rápida el sector de generación a medida que se incrementa la demanda energética.
  • El ambiente actual de bajos costos financieros que se mantendrá en una fase de estímulo económico, es favorable para proyectos de mayores costos de capital que de operación, como en el caso de las renovables, y
  • Parafraseando la crisis sanitaria actual, la adopción de las renovables es la mejor vacuna de independencia energética para que los gobiernos puedan lograr la inmunidad frente a la volatilidad de los precios de las energías fósiles, gracias a sus costos predecibles a largo plazo.
  • Finalmente, es importante resaltar que, inclusive antes de la aparición del COVID-19, los esfuerzos de descarbonización de la economía no han sido suficientes para mantener al planeta en una senda realista y así poder cumplir el objetivo común de reducir las emisiones netas de carbono a cero al año 2050.

Tal vez ahora, que conocemos exactamente cómo podemos contribuir de manera individual a la solución de problemas globales, como una pandemia, seamos más conscientes de que tenemos todas las herramientas a la mano, en forma de sol, viento y agua, para alcanzar ese objetivo.

Sobre el autor

Juan es responsable de la asesoría técnica de los proyectos en energías renovables financiados por el banco, incluyendo eólicos y solares. También ha trabajado con varios gobiernos de la región en estudios y diseño de políticas para la integración de las energías renovables no convencionales en los sistemas eléctricos, redes inteligentes y proyectos de integración eléctrica regional.

Anteriormente ha estado vinculado con desarrolladores privados y consultorías de proyectos en energía renovable en Alemania, España y el Reino Unido. Ha realizado estudios de Ingeniería Mecánica y Física en la Universidad de Los Andes en Bogotá, Colombia y una maestría en Energías Renovables de la Universidad de Oldenburg en Alemania.

También cuenta con cursos de especialización en Infraestructura de la Universidad de Harvard, Energía y Cambio Climático en el MIT, e Innovación en Energía en la Universidad de Stanford.