Como todos los años, se realizó el evento de mayor importancia organizado por Naciones Unidas en lo referido a cuestiones de cuidado medioambiental: la Conferencia de las Partes.

En este caso, se llevó a cabo la reunión número 20 (COP20), en donde participaron cerca de 200 países entre los días 1 y 12 de diciembre en Perú, Lima. Horacio De Belaustegui, presidente de la Fundación Biosfera, fue uno de los que participó junto a la delegación argentina.

Fue un balance interesante porque es un ámbito donde se discute y donde se tratan de desarrollar políticas de estado para tratar de mitigar las emisiones de gas de efecto invernadero y las distintas políticas que deben tener los estados para ello”, resalta en diálogo con Energía Estratégica.

Sin embargo, cuenta que una de las deudas pendientes que más preocupa a los sectores ambientalistas fue el hecho de que no se pudo terminar de votar un acuerdo que reemplace al viejo y caducado protocolo de ‘Kyoto’, que tuvo como compromiso la reducción en un 5% de las emisiones de CO2 sobre los niveles de 1990 durante el periodo 2008-2012.

Ahora se estima que la tarea quede pendiente a resolución el próximo COP 21 con destino en París, Francia, a realizar durante fines de este año.

Al respecto De Belaustegui desliza que “no es sencillo” un acuerdo entre todos los países intervinientes donde, sobre todo, hay algunas potencias con mucho poder para resistir políticas de cuidado ambiental que vayan en detrimento de intereses económicos.

Peor aún, señala que existen “holdings de empresas muy poderosas, muchas veces más poderosas que los propios países, que se ponen de acuerdo para ejercer presión”. “No es fácil cuando se vinculan intereses económicos y mucho dinero”, remarca.

Observa que “en estos ámbitos es difícil avanzar como uno quisiera”, pero asegura que “se avanza, porque se hacen las reuniones y es preferible que sea de este modo antes que a través de la guerra o algún otro fin por fuera de las vías democráticas”. “Son pequeños pasos que se van dando y uno no puede pensar que se van a solucionar de un día para el otro ni de un año para otro porque es imposible”, se sincera.

En ese sentido da el ejemplo de China, que si bien es uno de los países más contaminantes del mundo, de a poco va supliendo buena parte de su consumo energético a través de energías renovables.

Del mismo modo plantea que más allá de determinaciones internacionales, desde el ámbito regional puede hacerse mucho para cuidar el medioambiente.

Por otro lado, contempla que hubo un sincero nivel de discusión en cuanto a las necesidades de desarrollo de ciertos países del tercer mundo y que se destinó mucho más dinero a los ‘Fondos Verdes’ de lo que se venía recaudando, se trata de una suma destinada para que el progreso de determinadas naciones esté acompañado con inversiones en energías alternativas y eficientes, y como un monto futuro para el reemplazo de combustibles fósiles.

No obstante, acentúa que tampoco se trata de generar “un fondo para abordar los problemas”, “lo que debemos hacer es evitar los problemas, de otro modo no va a haber plata que alcance”. “No es cuestión que se ponga plata sino que se desarrollen tecnologías que ayuden a reducir la producción de gases de efecto invernadero”, subraya.

Se avanza, es un ámbito de discusión democrático y organizado pero es realmente muy lento y necesitamos mayor prontitud para evitar las emisiones de gases porque realmente se trata de un grave problema que no sólo estamos padeciéndolo ahora sino que nuestros descendientes podrán vivir situaciones más alarmantes”, concluye De Belaustegui.