A modo de conclusión del evento… ¿cómo estiman los países que podrán avanzar en el cumplimiento de los compromisos asumidos en París?

Estamos atravesando un «impasse», pasamos de la dinámica entusiasta que durante el 2016 condujo a la entrada en vigor del Acuerdo de París, ahora estamos a la espera de precisiones en materia de política energética del nuevo gobierno de Estados Unidos y cómo eso impactará a escala global. Por más discursos optimistas que escuchemos por todos  lados, y que creo todos de algún modo debemos sostener, no se puede ignorar que puede haber grandes cambios durante este año en el clima político global.

¿Es una mala noticia para las energías renovables?

Sabemos que la industria de las renovables ha alcanzado mucha madurez y tiene una dinámica propia,  pero cumplir el Acuerdo de París exige mucho más que simplemente seguir la buena evolución que están teniendo la tecnología renovable. De allí que la voluntad política a escala global sea determinante y es allí donde Estados Unidos es un jugador esencial.

¿Cómo influye el rol de Estados Unidos a nivel global?

Desde los 80 para acá, cuando se iniciaron las negociaciones climáticas globales, siempre fue determinante cuánto y de qué modo Estados Unidos estuvo involucrado en ellas y, por sobre todo, cómo utilizó su política exterior para favorecer el cumplimiento de los compromisos climáticos globales. Si hoy tenemos tan poco margen de acción y llegamos a una situación crítica  en materia climática, en buena medida se debe a las pésimas políticas climáticas que llevó adelante Estados Unidos en el pasado. Así que yo observo con mucha atención lo que puede ocurrir con Trump y los años que vienen. Hay que estar muy atentos porque no podemos darnos el lujo de perder los próximos 4 años, porque son 4 años en los que no tenemos margen para fallar. No nos queda tiempo para tener alguna chance de cumplir con los objetivos climáticos de París.

¿Cómo está jugando el factor Trump en la planificación de la reducción de emisión de gases?

Durante las diferentes sesiones se intentó pasar por alto el «factor» Trump. Tuve la sensación que se prefirió no hablar de las incertidumbres, lo que a mi juicio, es reconocer las incertidumbres. También debemos reconocer que alrededor de esta Asamblea Anual de IRENA se monta un gran show de relaciones públicas por parte de los Emiratos Arabes procurando prepararse para un mundo post-petróleo, algo que está muy bien, pero que todavía tiene  que plasmarse en los hechos concretos. Están muy lejos aún de estar en un proceso de transición, pero son los gestos que deben aparecer y multiplicarse en los países grandes productores de petróleo.

La revisión de los compromisos o contribuciones nacionales dentro del Acuerdo de París fueron materia de conversación y, puede resultar paradójico, pero a la incertidumbre generada por Trump se la minimiza o se la reduce otorgándole mayor certidumbre al proceso del Acuerdo. Hay que minimizar el impacto del cambio de gobierno en Estados Unidos y una forma es encarando procesos de adecuación de las NDC serios y responsables.

¿Cómo está avanzando en este sentido Argentina?

Argentina dio un paso fundamental durante el año pasado que es haber comenzado un proceso de integración a gran escala de las energías renovables en el mercado de la energía, para colocarlas como un actor relevante y con un horizonte de crecimiento previsible. Esto es la primera vez que ocurre en los hechos. El resultado de las licitaciones de 2016 es un gran indicador de lo que digo.

¿Se podrá cumplir el compromiso asumido en París?

Cumplir el Acuerdo de París significará para Argentina bastante más que el desarrollo de las renovables. Creo que aún seguimos sin una comprensión cabal de lo que significará para la economía, y para la energía en particular, el cumplimiento de objetivos climáticos en línea con París. La NDC o compromiso presentado por Argentina es claramente insuficiente, diría que está muy por debajo de lo que se espera que Argentina comprometa. Tuve la sensación de que muchos sectores, dentro y fuera del gobierno, consideraron que hacer un repaso de la INDC presentada en 2015 podía ser suficiente y claramente eso no es así. El verdadero trabajo debe arrancar ahora para finalizar durante 2018 con una nueva NDC, la que deberá estar a la altura de las negociaciones que se darán para lograr elevar los compromisos dentro del Acuerdo de París.

La nueva NDC deberá tener un nivel de ambición muy diferente a la actual y esto necesitará de un acuerdo sectorial, económico y político a alto nivel en nuestro país. No tengo dudas que  el Acuerdo de París nos obligará a tener una política de Estado como nunca antes la tuvimos, y ese trabajo está aún en pañales. La revisión de la NDC realizada durante 2016 era un paso necesario para  empezar a discutir la construcción de una NDC que pueda ser presentada durante 2018 dentro del G20 y ante el Acuerdo de París.