Haciendo comparaciones, la potente República Popular China tiene en su territorio alrededor de 110.000 MW de turbinas eólicas instaladas, número desde luego inmenso a comparación no sólo con los 181 MW de potencia que tiene la Argentina en materia de energía eólica, sino con prácticamente cualquier país del mundo por lo que representa el gigante asiático en el mundo.

Sin embargo, si apostamos por cotejos más reales y aledaños, Brasil, otro monstruo industrial por cierto, pero a otra escala, cuenta con alrededor de 6.100 MW de potencia eólica instalada. No obstante, la República Oriental del Uruguay, nación que recién en 2008 plantó su primer parque de aerogeneradores ya cuenta con 650 MW eólicos en su territorio, de los cuales 400 se instalaron en 2014, potencias que cooperaron para generar el record en la última década de casi 13.000 GW/h, lo que le ayudó a importar sólo 1.250 GW/h.

Lo que necesitaríamos es mejorar el marco regulatorio, mejorar valores por MWh en la inversión para realmente producir un estímulo y la creación de herramientas de financiamientos a tases blandas para privilegiar la producción nacional, fundamentalmente”, observa en diálogo con energiaestrategica.com, Ricardo Bastianon, doctor en ingeniería y consultor en energía eólica y fluidodinámica.

Más allá de las carencias marcadas, el profesional estima que “la importación actual de combustibles de nuestro país se estima en unos 13.000 millones de dólares anuales”. “Si este monto fuese invertido en turbinas eólicas se podría realizar una instalación de aproximadamente 2.600 turbinas de 2 MW cada una”, asegura.

En efecto, calcula: “estas turbinas podrían generar 18.221 GWh/año lo que representa un 15 por ciento de la demanda anual total del país. Con el costo de un sólo año de importación de combustibles podríamos abastecer el 15 por ciento de la demanda”.

Explica que “es difícil de comprender” por qué la clase política no apuesta por el desarrollo de este tipo de tecnologías, “sobre todo si tenemos en cuenta que estamos subsidiando las energías sucias, es decir, la energía fósil”.