Por Enrique Blasco, Presidente del Comité Argentino de Presas

Como cualquier ciudadano de nuestro país, no puedo dejar de ver con preocupación la situación en la provincia de Misiones respecto de los proyectos de las represas Garabí y Panambí, si es que pretendemos tener una visión sustentable y de largo plazo no sólo de nuestro sistema eléctrico sino también de nuestro modelo de desarrollo.

Proyectos de esta envergadura y complejidad deben ser debatidos democráticamente, lo cual es la base para que las obras logren una mejor articulación con el contexto en el cual se construyen y conformen verdaderos polos de desarrollo local y regional; que constituyan oportunidades para la gestión ambiental y sanitaria y conviertan a las poblaciones afectadas en los primeros y más importantes beneficiarios del proyecto.
Pero para que ello suceda, ese debate debe hacerse en base a información cierta y con bases sólidas y, lo más importante, sin fundamentalismos, cuyo resultado es la dificultad para –cuando no la imposibilidad de– intercambiar conocimientos, opiniones y criterios tan necesarios para mantener un diálogo que posibilite alcanzar consensos y acuerdos.

Algunas verdades incuestionables

Hay tres puntos que son incuestionables en este tema, y que deben quedar muy claros aunque haya una profusión de “información” que intente, con argumentos ambiguos o directamente falsos, ocultarlos o distorsionarlos:

– Es imprescindible atender la creciente demanda energética nacional para poder sostener los niveles deseables de desarrollo económico y social. Por lo tanto, nuestro país necesita generar electricidad aprovechando sus mejores recursos para ello, tales como los aprovechamientos Garabí y Panambí.
– Las regiones donde se asientan obras hidroeléctricas pueden aprovechar las oportunidades de desarrollo que estos proyectos generan, a través de políticas activas que impulsen y consoliden un perfil productivo local y regional.

– Los impactos ambientales, sanitarios y sociales (que nadie pretende negar) pueden ser manejados en forma integral e inteligente, y consecuentemente, constituir oportunidades de gestión que no solo no perjudiquen la vida de las poblaciones aledañas, sino que potencien beneficios en esas mismas áreas.

Otro aspecto que es importante destacar, y que llama la atención que haya discusión al respecto, es que existen 3 tipos de fuentes posibles para sostener la base del sistema eléctrico, que son la generación térmica (que utiliza combustibles fósiles), la nuclear y la hidroeléctrica, siendo esta última la más conveniente en términos de costos y de respuesta a los picos de demanda. De hecho, es utilizada en todos los países del mundo, y aporta aproximadamente el 17% del total mundial.

Si bien las llamadas energías alternativas (como la eólica y la solar, entre otras) pueden constituir un complemento de aquellas; no pueden reemplazar de ninguna manera la función que tiene la generación hidroeléctrica en el sistema.

Y, por último, pero fundamentalmente, es preciso subrayar que la hidroelectricidad es una de las formas de generación eléctrica menos contaminante, que utiliza un recurso renovable, y que en consecuencia es una forma de generación que debiera ser defendida calurosamente por quienes dicen expresar preocupación por los temas ambientales.

Teniendo en cuenta los aspectos mencionados, no parece razonable excluir los proyectos hidroeléctricos; por el contrario, deberían alentarse por sus impactos económicos, geopolíticos, ambientales y sociales.

Espero que la sociedad argentina en general, y la misionera y correntina en particular, quiera entablar el diálogo y el debate acerca de las mejores maneras de favorecer el desarrollo nacional sustentable y la posibilidad de considerar a los proyectos Garabí y Panambí como obras estratégicas para impulsar también eldesarrollo regional, sin que los eventuales aspectos negativos constituyan un impedimento para avanzar