Argentina recién está comenzando un proceso de desarrollo en construcciones autosustentables, camino que la Unión Europea y Estados Unidos hace tiempo vienen transitando y obteniendo resultados fabulosos.

Si bien el costo inicial de una vivienda sustentable puede ser superior al de las construcciones convencionales, se estima que en mediano plazo el particular se recupera lo invertido con lo que se ahorra en energía.

Con respecto a las normativas, nuestro país ya cuenta con dos que están reguladas por el Instituto Argentino de Normalización y Certificación –IRAM-, una de ellas en nuestra ciudad y la otra en la de Buenos Aires, pero ambas sólo contemplan la ingeniería de climatización de las viviendas, dejando fuera otras cuestiones de importancia.

Sin embargo, vale destacar que en el proyecto de arquitectura y en los sistemas constructivos, tener en cuenta las cuestiones térmicas “es una de las cosas más importantes”, explica a este medio Eugenio Siri, titular de la empresa Grupo Madero “Arquitectura y Construcción”, y agregó que entre el 35 y 40 por ciento de la energía que se gasta en una vivienda tiene que ver con la búsqueda de una climatización agradable.

Observó que debido a las condiciones climáticas, la altitud, la humedad, la temperatura, los vientos y otras cuestiones que van variando a lo largo y a lo ancho de nuestro país, se hace indispensable la creación de legislaciones diferentes según la zona.

Sobre estas cuestiones remarcó el buen trabajo que está llevando a cabo el IRAM, quien “se encarga de estudiar cada una de las zonas y establecer cuáles son las condiciones de diseño para las cada una de las construcciones que se van a hacer”.

Ahondando en la ordenanza 8757, aquella que rige para Rosario, hizo hincapié en que la posibilidad de construir de manera sustentable queda circunscripta a una superficie útil superior a 500 m2. Sobre este punto Siri sostuvo: “No me parece mal porque por algo hay que arrancar pero paulatinamente hay que ir bajando esa exigencia a construcciones mínimas”.

En ese sentido aseveró que en lo que respecta a viviendas sociales, de bajos recursos, construir hogares autosustentables “es fundamental”, ya que la construcción de casas con ladrillos huecos provoca una irregularidad en la temperatura que invita a un gasto de energía, que se traduce, por supuesto, a un gasto económico.

En ese caso, un mayor ahorro de energía estaría yendo de la mano con una buena política de vivienda social”, resumió.
Por otra parte, sobre los recursos que presenta nuestro país para poder llevar a cabo construcciones masivas de este tipo, el especialista calificó que nos encontramos con “todo” el capital para poder levantar este tipo de edificaciones y que “lo que falta es conciencia” para ello.

Impedimentos no convencionales

En otro orden de cosas, apuntó a que un gran impedimento para este tipo de edificaciones no convencionales tiene que ver con el grupo empresario inmobiliario. “Hay luchar contra el lobby de las desarrolladoras inmobiliarias”, advirtió.

Además, agregó que otro problema viene desde un gran desconocimiento de los arquitectos a la hora de tener que asesorar a aquellos interesados por este tipo de edificaciones.

En contrapunto criticó la política de construcción del “gran paño vidirado” que tan utilizado es en lo edificios de las grandes ciudades. “Se ha traído a la Argentina como diseño innovador sin tener en cuenta la gran pérdida de temperatura que genera y la desprotección frente a los rayos solares que obliga a tener el aire acondicionado prendido todo el verano”, concluyó.