Del 13 al 16 de junio pasado se desarrolló en Zaragoza, España, la 21ª edición de la Conferencia Mundial de la Energía de Hidrógeno (WHEC 2016). Allí concurrieron cerca de 800 personas y se expusieron 600 presentaciones de expertos en la utilización del hidrógeno como vector energético de alrededor de 50 países del mundo.

En diálogo con energiaestrategica.com, Juan Carlos Bolcich, experto en hidrógeno, presidente de la Asociación Argentina de Hidrógeno (AAH2) y miembro del directorio de la Asociación Internacional de la Energía del Hidrógeno en representación de Sudamérica, señaló que el evento fue un éxito y que en lo que respecta a empleo del hidrógeno para la industria automotriz las perspectivas son muy alentadoras.

Durante la cuádruple jornada, fabricantes de automóviles eléctricos de pila de combustible como Toyota y BMW expusieron los plazos en los que esta tecnología puede extenderse y efectuaron demostraciones de recarga y pruebas dinámicas para el público asistente.

Hay proyecciones para 2025 de decenas de miles de unidades (vehículos eléctricos a hidrógeno); 400 estaciones de servicio  (de carga de hidrógeno) en Alemania, 200 Japón y en California, Estados Unidos, 100”, recordó Bolcich acerca de los número prometidos en las disertaciones.

El especialista, fue uno de los agraciados en conducir el Toyota Mirai, vehículo más destacado de la industria del hidrógeno. La joya posee un motor eléctrico de 154 CV, ofrece una velocidad máxima de 178 km/h y una capacidad de aceleración de 0 a 100 km/h en 9,6 segundos.

Si bien el titular de la AAH2 subrayó el avance de la tecnología y la caída en el costo de estas unidades que no generan emanaciones de CO2, lo cual produce una expansión en el mercado, reconoció que estos automóviles que despachan vapor de agua al propulsarse siguen siendo poco competitivos frente a vehículos convencionales.

Para Bolcich, dada la coyuntura de la problemática del cambio climático, las autoridades deben apoyar el desarrollo del hidrógeno más allá del factor económico por 4 razones: seguridad en el aprovisionamiento, producción segura, seguridad técnica (normas) e impacto social.

Si las cosas por ahora no se cambian, las emanaciones de efecto invernadero nos van a afectar seriamente; la cuestión económica acá hay que analizarla desde una forma integral y estratégica. El hidrógeno es capaz de generar numerosos puestos de empleo capaz de reemplazar el petróleo y gas. Para eso hace falta una industria que se integre, se desarrolle, generar recursos humanos”, sostuvo el especialista.

Asimismo, Bolcich recordó que el provecho del hidrógeno en materia energética “no se agota en el tema automovilístico, sino que puede aportar a la generación de energía eléctrica de base”.

El caso argentino

En Argentina las experiencias son incipientes. Algunas empresas privadas están impulsando desarrollos propios y si bien el atraso con respectos a otros países es notorio, para Bolcich “estamos bastante encaminados en lo que respecta a producción y manejo del hidrógeno”.

Una de las experiencias a destacar es la de Pico Truncado, Santa Cruz, donde se ubica una primera Planta Experimental de Hidrógeno pronta a entrar en operaciones. Esta estación de servicio tiene como objetivo abastecer diariamente 300 vehículos con una mezcla de 80 por ciento de GNC y un 20 por ciento de hidrógeno, experiencia semi-industrial aún sin precedentes en el país.

Por otro lado, una vieja deuda es la Ley Nacional de Hidrógeno (N°26.123), que se aprobó en el 2006 pero nunca se aplicó. Esta normativa establece un Plan Nacional de Hidrógeno que requiere de partidas presupuestarias por 42 millones de dólares para su puesta en marcha.

En lo estructural, el proyecto establece 24 programas. 7 de ellos para el para corto plazo, donde se prevé la implementación del Centro Nacional del Hidrógeno para conformar un sistema de información centralizado para que el Estado nacional pueda cruzar y coordinar sus recursos a los fines de evitar un mismo esfuerzo de trabajo en distintas áreas, ya que este centro además tendría una interrelación directa con las universidades, los institutos tecnológicos, y el INTI.

Luego, para mediano plazo, 8 programas enfocados a la inyección de hidrógeno en las redes de gasoductos; otros 7 objetivos de largo plazo apuntados al desarrollo de vehículos de transporte, colectivos, formación de recursos humanos, producción de hidrógeno a partir de la biomasa y dos transversales, uno de ellos es de cooperación internacional entre países limítrofes, y el otro es el estudio y desarrollo de los aspectos sociales, culturales, y ambientales del hidrógeno.