La carrera por el negocio no convencional ya largó y la Argentina pica en punta. Tras el boom estadounidense, Vaca Muerta es, según diversos estudios de consultoras de renombre, la mayor candidata a recibir inversiones.

Sin embargo, no es la única competidora. Mientras aquí comienza el debate por una ley especial para el shale, otros países como China, México, Australia o Polonia empiezan su propia aventura y amenazan con disputar un mercado que, lejos de lo que muchos imaginan, no está para nada cautivo.

Curiosamente, quizás la mayor ventaja de la Argentina sea la declinación de los yacimientos convencionales. El fin del petróleo fácil abrió por necesidad la puerta a una versión más cara de la industria.

Otros países con muchas ventajas comparativas e historia productiva como Rusia o Arabia Saudita apenas piensan en el shale porque todavía ostentan reservas de los hidrocarburos tradicionales que se cuentan de a décadas. Por eso, pese a sus potenciales, aún no tiene sentido meterlos en análisis.

Un completo trabajo realizado por la consultora Accenture, cuyos resultados parciales pueden verse en el cuadro que acompaña esta nota, ubica a Vaca Muerta un paso más adelante del resto de los shales del mundo. Sin embargo, remarca la presencia de al menos cuatro competidores fuertes para el corto plazo.

 Los competidores

Las reformas en tono aperturista que impulsa el gobierno de Enrique Peña Nieto en México podrían posicionar a su país como un mercado más que atractivo para el shale. Aunque aún posee un alto potencial en off shore y algún residual en convencional, la posibilidad de que Pemex ceda el monopolio del negocio y pueda sumar socios privados podría alentar la llegada de inversiones.

La cuenca de Burgos es una continuidad de la estrella estadounidense Eagle Ford. Y el país posee, al igual que la Argentina, una importante red de ductos para el transporte. A eso se suma mucho personal calificado para el shale, un punto crítico para la formación neuquina.

Sin embargo, su mayor virtud es la cercanía con Estados Unidos, meca de los no convencionales y los acuerdos de libre comercio que casi eliminan las barreras aduaneras para la entrada y salida de equipos. Esto permitiría dirigir las operaciones de Houston y tomar al norte mexicano como una extensión de Texas, ahorrando costos.

Pero Pemex mira por estas horas al océano. Interpreta que el off shore deja tasas más altas de ganancias. Aun así, anunció que perforará 10 pozos no convencionales este año para comenzar a trazar una historia productiva.

Del otro lado del mundo, China es el país que más pozos shale perforó después de Estados Unidos y Argentina. La roca madre de la zona de Sichuan es más compleja que Vaca Muerta y la geografía y las zonas altamente pobladas no ayudan.

 

Pero el gobierno tiene como política del Estado el desarrollo energético y no se fija tanto en los costos. El 80% del mercado está repartido en las tres gigantescas firmas estatales Sinopec, CNPC y Cnooc. Sin embargo, desde la reforma aperturista de Deng Xiaoping a finales de los 70, el país asiático se abrió abruptamente a los mercados. El capital ya no le teme al Partido Comunista y no ve con malos ojos invertir en el país. Para muestra alcanza con ver el desarrollo de firmas gigantes como Apple, que aprovechan la enorme laxitud de controles y la mano de obra a menudo en condiciones semiesclava para producir con los precios más bajos del mundo. El shale podría seguir el mismo camino.

Australia es otro país con historia petrolera reciente que podría ingresar en la aventura de los no convencionales. La petrolera Santos –la más grande del país– tiene algunos pozos perforados sobre la roca madre de la cuenca de Cooper. Pero por ahora el país apunta a sus cuantiosas reservas de «coalbed methane» –gas metano atrapado en las capas de carbón–.

La principal desventaja del país oceánico es el alto costo de su mano de obra (dos o tres veces mayor al de Estados Unidos) que se explica mayormente por la falta de personal capacitado, un tema del que la Argentina deberá tomar nota.

En Europa, Polonia es el único país que ostenta una producción shale para considerar (Gran Bretaña también podría hacer su aporte, pero a más largo plazo). La cuenca del Báltico atrajo miradas en el 2007, pero su complicada geología desanimó a muchos. Bien lo sabe Miguel Galuccio, quien participó de la primera perforación no convencional en ese país cuando trabajaba en Schlumberger.

Algunas firmas como ConocoPhillips se aventuraron igual, atraídas por el hambre de recursos energéticos de Europa, algo que la torna vulnerable desde el punto de vista geopolítico. Pero hay problemas con la disponibilidad de agua para fractura y tampoco existe un régimen especial para el shale, lo que convierte en muy caras las operaciones.

Vaca Muerta

Las consultoras internacionales relevan mercados para buscar una opción de inversión a sus clientes. Y en el mundo del shale, después de Estados Unidos, la Argentina es la opción que más atrae.

Según el estudio de Accenture, Vaca Muerta tiene sus debilidades y fortalezas.

Entre los pros analizan la presencia –aunque vaga– de un régimen fiscal especial. Se refieren a los beneficios que otorga el decreto 929 para inversiones mayores a los 1.000 millones de dólares.

La propia geología y los buenos resultados que obtuvo YPF son otro punto positivo: la formación ya tiene una historia y existe una «inercia» productiva.

Neuquén posee además una enorme infraestructura de transporte y cuenta con la presencia de muchas firmas especializadas.

Los contras, sin embargo, también son varios. El shale aún no tiene una ley específica que lo avale. El debate actual entre provincias y Nación puede repercutir en las inversiones.

 

La infraestructura, decididamente, acompaña poco. Faltan rutas y sistemas de transporte más eficientes para insumos clave como la arena y el agua.

El último punto que se menciona es la falta de personal capacitado. Preocupa también a las empresas la alta sindicalización en Argentina y los estrictos derechos laborales que complican, por ejemplo, las jornadas de 24 horas. Pero todos esos efectos, que según ellos atentan contra la competitividad, son compensados por el tipo de cambio.