Hoy contamos con socias de todo el país que se desarrollan en el sector energético y piensan en clave sustentable. Integrada sobre todo por Ingenieras, Abogadas y Licenciadas de los sectores público y privado, AMES promueve la participación de la mujer desde cada una de las Comisiones de trabajo .

Y, si bien en AMES las Mujeres en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) están bien representadas, no se condice con las realidades nacional y mundial.

¿Por qué AMES? Me gusta decir siempre que AMES no existe “porque sí”, sino que tiene su razón de ser. Allá por 2017, cuando AMES apenas era una idea, asistir por ejemplo a los eventos de Renovables, era encontrarse con un mundo predominantemente masculino en el que las mujeres siempre éramos minoría.

Claramente eso expresaba, y sigue haciéndolo, una realidad global. (Hay excepciones, claro está. De hecho en aquel entonces, en mi lugar de trabajo éramos casi 40% mujeres y eso era una interesante novedad). Es clave comprender que los roles en la sociedad son construcciones culturales (históricas, no naturales) por tanto, parte fundamental de las respuestas también lo son.

La relación entre Género y Energía pasa tanto por el lado de la oferta como de la demanda. Y si hablamos de Energía, vale insistir, hablamos de un sector clave en cualquier economía del mundo, que ha sido y es motor de desarrollo productivo y de otros sectores esenciales .

Por tanto, promover la participación de la mujer en la industria en la que hoy estamos subrepresentadas, significa dar un salto cualitativo único. En todo el mundo, las mujeres representamos menos de la mitad de la fuerza laboral en el sector energético y seguimos estando lejos de las posiciones de liderazgo.

Al 2015, las mujeres ocupaban sólo el 10% de los puestos en ministerios y agencias nacionales de energía en todo el mundo y el 4% de los cargos directivos del Consejo Mundial de la Energía.

Y en la región latinoamericana y el Caribe, las mujeres representan el 19.7% del total de los empleados del sector energético.

Si bien, en términos generales, las mujeres nos capacitamos un 20% más en promedio que los varones, seguimos “peleando» el doble por obtener un mismo puesto; y si lo obtenemos, corremos el riesgo de ser parte del promedio que gana 17% menos que los colegas por el mismo trabajo.

Es cierto que existe una inmensa diferencia en materia de equidad entre las industrias hidrocarburíferas, que sostienen aún ciertas culturas organizativas bien verticalistas y masculinizadas y “las renovables”, industrias más modernas tecnológicamente, pero también organizativamente.

Es como si pudiésemos hacer un paralelismo entre la antigüedad de determinada industria, su tecnología y su cultura organizativa. El informe de IRENA sobre perspectiva de género de 2019, revela que las mujeres representan 32% de los empleados a tiempo completo en el sector renovable, frente a un 22% que representan en la industria del petróleo y gas a escala mundial.

Siguiendo esa misma línea de evolución, es clave poner la mirada en el futuro haciendo ajustes en el presente. Así como las Renovables en el mundo moderno de hoy cada vez más es indispensable seguir desarrollando capital humano capaz de lidiar con los cambios y torcer el destino aparentemente cantado de nuestros recursos naturales.

Si bien, en el mismo informe mencionado, IRENA estima que los empleos en Renovables aumentarán de 10,3 millones en 2017 a casi 29 millones en 2050, en líneas generales, “la mitad de los puestos laborales actualmente existentes habrán desaparecido para 2050 (UIT, 2017).

Esto significa que más del 60% de los niños que hoy están ingresando a la escuela primaria, llegado el momento, podrían estar ocupando empleos que hoy no existen…”

No pretendo con esto encender alarmas ni alimentar la fantasía del desempleo generalizado en un par de años más. La historia nos demuestra que, Revolución Industrial tras Revolución Industrial, no ha sucedido tal cosa. Pero, no por ello, hay que ser indiferente a las proyecciones generalizadas acerca de los empleos del futuro.

Y en ese sentido, sospecho que coincidirán en que la educación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática (STEM) es clave para promover el desarrollo sostenible del planeta y para preparar a los estudiantes para el mercado de trabajo que se viene.

Y en ese sentido, las mujeres aún tenemos tareas por hacer. Al día de hoy, representamos menos del 15% de graduadas en casi todos los países del mundo. Y como decía previamente, las mujeres nos capacitamos más que los varones y sin embargo seguimos estando subrepresentadas: nos cuesta más ingresar al mundo laboral y más aún alcanzar puestos de liderazgo .

Hablamos de segregación horizontal y vertical. la brecha de género se amplía cuanto mayor es el nivel alcanzado en el escalafón (segregación vertical) y al final se vuelve un círculo vicioso y profecía autocumplida.

En Renovables, del 32% de mujeres empleadas, sólo el 28% son puestos STEM.

Sabemos que “los presupuestos y las expectativas que poseen los padres, los docentes y los pares influyen sobre las niñas (más bien diría: influyen sobre la niñez, en general) a la hora de elegir sus campos de interés y los estudios que desean realizar para integrarse a la sociedad” .

No se trata de cuestionar a la psicología social y a la sociología por los estudios sobre la definición de roles de una cultura, sino más bien, de poner en valor todo el talento existente al servicio de una Agenda 2030 para nuestras generaciones presentes y futuras.

Y más allá de la definición cultural de la cuestión, también se trata aparentemente de una cuestión conveniente económicamente. Entender y promover nuevas tecnologías limpias pasa por “entender y promover las externalidades positivas de género desde un cambio en la matriz tecnológica” .

Este es un punto que me resulta interesante y que podríamos profundizar más adelante. Sí considero que: optimizar la industria energética implica, necesariamente, considerar en las decisiones, regulaciones, programas y políticas la relación entre “el nuevo mundo y el género”.

Las carreras STEM son parte de sectores vitales de las economías del mundo. Pertenecen a sectores dinámicos y en rápido crecimiento. Aumentar el porcentaje de graduadas en carreras STEM es un primer paso para cambiar el escenario actual y aprovechar el capital humano existente

Pero además, debemos asegurarnos de promover la representación equilibrada en los puestos de trabajo, promover el liderazgo, el emprendedurismo, la innovación y la creación.

La diversidad de género es clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y “está ligada a `mejoras esperadas en el desempeño de las empresas´. Esto se debe a que las mujeres poseen estilos de gestión distintos a los de los hombres, ya que tienden a: (i) desarrollar las capacidades de sus colaboradores; (ii) implementar formas de comunicación más eficientes; y (iii) promover procesos de toma de decisión más participativos, entre otros.”

Pensando en una efectiva transición energética, como impulsoras creativas de soluciones innovadoras, las mujeres pueden ser un motor para inversiones de energía limpia.

“No importa qué medida se use —ya sea el valor de las acciones bursátiles, la rentabilidad, el retorno de inversión, o la reducción de riesgos de quiebra financiera— si la junta directiva o la alta gerencia de una empresa cuenta con 30% o más de mujeres, su rendimiento será mejor. ”

Y no se trata de ocupar un lugar sin condiciones para ello. En absoluto hablamos de pretender un lugar “porque sí”. Se trata de romper con ciertos prejuicios que socialmente recaen en general sobre las mujeres más que sobre los varones, que hacen que no se nos considere de la misma manera para un rol u otro.

No se trata de buscar culpables ni fomentar grietas, se trata de promover un desarrollo equitativo. Como leí hace poco en una nota de Carmen Sánchez – Laulhé “el talento no tiene géneros, las barreras sí”.

Este es el panorama, esta es la razón de ser de AMES que les comenté al principio. Nada es “porque sí”. Me imagino que, algunas cosas, basta con mirar hacia los costados para comprobarlo, sólo que se corrobora que son realidades globales.

Hay mucho por hacer y desde AMES trabajamos para acercar las profesiones STEM a las jóvenes y niñas del momento (y viceversa) a través de diferentes acciones; y también para apoyar a las mujeres graduadas que ya se desempeñan o quieren hacerlo en el mercado laboral.

Desde trabajar para relevar datos actuales de la industria energética argentina (encuesta de Género y Energía hecha por y con el BID) hasta ser aliadas de los Principios de Empoderamiento de las Mujeres de Naciones Unidas (WEPs por sus siglas en inglés), en AMES procuramos ser una imagen inspiracional y aspiracional, una muestra fehaciente de que podemos ser ingenieras, científicas, investigadoras, licenciadas ¡o lo que queramos! en el mundo energético (y de que vale mucho la pena).

Por Sofía Kloster Erize

Vicepresidenta de AMES Argentina.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación, UBA.
Posgraduada en Derecho y Políticas del Cambio Climático, Facultad de Derecho, UBA.