La cuestión de la eficiencia energética y la conservación ha ganado espacio en los países desarrollados a partir de la crisis petrolera de 1973 y nuestro país no ha sido la excepción, pero a 42 años de aquella crisis, en Argentina sigue siendo un cíclico empezar.

Es posible que sus  impulsores locales, a través de los distintos programas, leyes y decretos de estímulo se sientan satisfechos, inclusive los programas más recientes que comenzaban con el diagnóstico, estudios de factibilidad y el desarrollo de cursos y seminarios, pero no se la ha logrado aún instalar de modo  consistente en industrias, tampoco en la administración pública, comercios, transporte y hogares. Un ejemplo visible de retraso es el caso de la iluminación de calles, donde los planes de reemplazo de lámparas de mercurio por sodio de alta presión no se han completado totalmente aún, lo que indica un atraso de 35 años en la aplicación de esa tecnología hoy casi obsoleta.

Racionalizar el uso de un recurso escaso y contaminante mientras se promueve su uso a través del subsidio es una empresa casi imposible. Sin duda la primera herramienta para desarrollar un programa efectivo sobre uso racional de la energía es el sinceramiento de tarifas, no solamente para darle sustentabilidad económica, sino también para darle soporte.

Un programa que contemple el largo plazo, debe considerar el desarrollo de un activo intangible como es la integración de conocimiento y actitudes de los que van ingresando  a la actividad productiva, pero para poder evolucionar de modo sostenible, también necesariamente se requiere la creación de una cultura de gestión y permanentes resultados para traccionar el proceso.

Así, un programa adecuado debería considerar  la inclusión de la eficiencia energética en escuelas técnicas y universidades si es que pensamos en el largo plazo con el cambio cultural que implica. En rigor, ese tipo de conocimiento no requiere cursos especiales pero sí un gran esfuerzo para incluir su comprensión funcional en el contexto de las materias técnicas relacionadas. Este conocimiento es el mejor cimiento para la integración conceptual.

El pasado indica: es que luego de cada programa, y cuando cesa la tensión por la necesidad de cuidar la energía, el sistema se orienta hacia al estado anterior.

Esto es notorio también en el campo público, comercial e industrial. En la industria, por ejemplo, sin un sistema de medición orientado (KPI)  y sin la inclusión de la Eficiencia Energética en el sistema de gestión integrado a la dirección, no podrá mantenerse. El tiempo hará que todo vuelva a la situación de equilibrio o sea la  anterior a la intervención. Entonces el mantenimiento se concentrará solo en la operatividad, la producción dejará de prestar atención y la ingeniería de proyecto, destruirá lo logrado en su siguiente intervención, porque prescindirá de cualquier consideración energética y con frecuencia del  mantenimiento  para concentrase exclusivamente en los costos básicos. Finalmente el consumo específico nuevamente trepará

Existe una tendencia a pensar que se puede desarrollar conservación con una batería de recomendaciones primitivas que se replican por los medios, que terminan por ser parte del paisaje publicitario sin despertar atención.

La bibliografía existente, desarrolla abundante información sobre las “mejores tecnologías disponibles” para la eficiencia energética y las prácticas para la conservación, como así también ofrece software específicos de evaluación. También los  programas de normalización, etiquetado, certificado y ensayos ocupan un espacio importante. Todo eso es muy útil, pero la mayor potencialidad  surge de la detallada comprensión funcional y gestión de la energía de los distintos equipos e instalaciones y su inclusión en el sistema de gestión. En ese aspecto el desarrollo del personal afectado hace la diferencia.

Por lo general la contratación de un experto para hacer una auditoría energética resulta en un diagnóstico de ahorro global de entre el 15 y el 20 por ciento, pero en la práctica  superar  el 5-10 por ciento es difícil, simplemente porque hay dificultades de implementación: como costos no considerados, alteraciones productivas o porque no hace parte de las actividades regulares.

Por otra parte la medición no es una tarea simple, porque raramente las plantas están estabilizadas. Entre otras consideraciones el consumo específico de la planta tiende a disminuir con el aumento de la producción o a cambiar con el  producto, enmascarando los resultados.

La gestión de la eficiencia energética, inevitablemente no es un proyecto que empieza y termina. Desde la aparición de la máquina de vapor con la industrialización, las máquinas térmicas mejoraron su eficiencia en un orden de 10 y muchos procesos industriales en un orden de 20 lo que quiere decir que el horizonte siempre se mueve. Cualquier iniciativa temporal es poco menos que absurda y sería ineficiente y los logros no se podrán mantener con el tiempo.

Hoy, en oportunidad del cierre de la COP 21, y considerando el modo en que está relacionada la cuestión energética con las emisiones, el tema cobra nuevo interés. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) publicó en 1911 una propuesta para reducir las emisiones para limitar el contenido de CO2 en la atmósfera a  450 ppm.  Es interesante observar que le asigna a la eficiencia energética un rol importante.

Lo expuesto expresa más problemas que soluciones porque pretende advertir que la tarea es compleja. La buena noticia es que el nuevo gobierno está tomando con convicción una  importante iniciativa. La parte difícil es construir el cuerpo de activos intangibles y su funcionalidad, que no es otra cosa que el capital humano para asegurar el largo plazo.

*Mauricio Vecchi es Ingeniero Mecánico y Magister en Gestión Industrial. Durante años estuvo a cargo de los servicios industriales y la gestión de la energía de Siderar.  Ha desarrollado  los cursos de “Energy Management” de la Universidad de Tenaris (para Terniun), y Gestión Eficiente de la Energía para El Instituto Argentino de Siderurgia. Ha sido expositor en Seminarios de  Amige GE.