El martes pasado, el calor azotó a buena parte de la Argentina. En la zona metropolitana, la sensación térmica llegaba a los 45 grados y la demanda energética creció a niveles que se aproximaron al record histórico –26.320 MW-.

De acuerdo a datos de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA), entre las 12.30 del mediodía y hasta las 16.45 de la tarde se demandó una potencia por arriba de los 25.000 MW. El pico más alto se encontró a las 14.25 horas, donde se superó la oferta neta, llegando a los 26.113,41 MW, informa CAMMESA.

Para hacer frente a esta situación, se pusieron en marcha los costosos motores diésel a un precio que supera los 260 dólares por MWh. Pero el peor escenario llegó con los cortes de suministros, que dejaron sin energía a cientos de miles de usuarios de todo el país (casi 500.000 reportados por Edenor y Edesur).

En diálogo con Energía Estratégica, Oscar Ferreño, actual Director de Ventus y ex Jefe del Área de Generación de UTE de Uruguay –en términos de generación mayorista, la CAMMESA del vecino país-, explica que llegar al corte es una falla que puede considerarse como una máquina virtual que tiene el valor más caro.

«Porque la falta de suministro implica un costo social importante, como la suspensión del funcionamiento de hospitales o industrias. El corte es como despachar una máquina más pero con un valor mucho más alto a la última que tenías», explica el especialista.

Es decir, para Ferreño no está mal la aplicación de motores diésel al momento de cubrir picos de demanda, pero sí es perjudicial cuando se utiliza esta energía cara para uso corriente, tal como sucedió años atrás en la Argentina.

Estas centrales que funcionan a gasoil, denominadas también deliverys, suelen ubicarse en nodos considerados como ‘puntas de línea’, es decir, al límite del tendido eléctrico donde existe mayor pasibilidad de interrupciones de suministro.

El ex Jefe del Área de UTE subraya que los motores diésel allí ubicados permiten no sólo paliar cortes, sino estabilizar la red. Pero reconoce que lo más óptimo sería reemplazar esa energía fósil y cara por otras renovables más baratas, como la eólica y la solar, pero sin descartar totalmente a estos generadores.

Explica que si bien las energías no contaminantes pueden llegar a valer 4,5 veces menos -tomando como referencia el precio de 60 dólares por MWh que el Gobierno nacional fijó para la licitación Mini Ren Ronda 3-, la ventaja de los motores diésel es que funcionan sin depender de la aleatoriedad del sol o el viento.

 

“Conceptualmente, en términos de energía, la eólica o la solar son mejores que la tecnología a gasoil. Pero si la comparamos en términos de potencia, es superior la fósil porque funciona para sacarnos de apuro”, resume Ferreño.

“El generador diésel no es malo en sí mismo, pero a lo que hay que apuntar es utilizarlo lo menos pasible, sin dejar de integrarlo al resto de las otras tecnologías», cierra el especialista.