En una anterior entrega mencionamos que “(…)La migración cada vez más fuerte y rápida hacia una matriz de fuentes renovables atrae a empresas extranjeras preocupadas por aportar su grano de arena para mitigar el Cambio Climático con el afán de generar una imagen más positiva para sus consumidores o clientes sin olvidar que, al no depender la fuente de los vaivenes de los precios del petróleo, los costos de producción no se verán afectados.

¿Hasta cuánto puede llegar el precio del barril de petróleo con la reciente crisis entre Irán y EEUU?  Ciertamente la tendencia del precio no será hacia la baja repercutiendo en la producción de aquellos países cuya matriz de energía eléctrica depende de los hidrocarburos.” [1]

El Salvador y Nicaragua son un claro ejemplo de esta migración positiva hacia las energías renovables. El Salvador dio un gigante paso hacia las energía renovables motivado, en parte, de su competencia dentro del Mercado Eléctrico Regional del cual es su principal consumidor. Para 2014, el 42% de la energía inyectada en la red provenía de fuentes térmicas por lo que su industria y economía debían enfrentar el vaivén de los precios internacionales en los combustibles. Muy por debajo, la energía de fuente hidroeléctrica representó un 27% y la geotérmica un 22% de la matriz.

Para finales de 2018 los salvadoreños comenzaron un importante giro de 180º. Las importaciones lideraron la lista de fuentes de inyección energética con el 27 % del total, seguida por la energía hidroeléctrica y la geotérmica con el 24 y 21 %, respectivamente. La térmica, en tanto, disminuyó a un 18.5 % del total y, aunque incipiente, la generación a partir de biomasa y tecnología solar ya aportaron juntas un 8.2 %. Se espera que en este país para este año concluyan varios proyectos en marcha que aportarán a la red unos 533.38 MW provenientes de fuentes renovables como fotovoltaica, eólica, biogás y gas natural.

Nicaragua también se suma a la corriente de sustitución de energía fósil a energía renovable con avances dignos de admirar; su matriz eléctrica es cada vez más “limpia” y competitiva. En materia eólica Nicaragua tiene una zona privilegiada hacia el sur oeste del país, específicamente la zona de Rivas.

Si una persona llega a Nicaragua conduciendo desde Costa Rica se topará con la vista impresionante que ofrece el Lago Cocibolca con tres proyectos eólicos que generan la quinta parte de la energía eléctrica que consume ese país.  Tres empresas creyeron en el país e invirtieron exitosamente: Amayo, Blue Power Energy S.A. y Eolo de Nicaragua S.A. hoy propiedad de la empresa CMI Energy de capital guatemalteco.

Este proceso de pasar de fuentes no renovables a renovables ha dado como resultado que Nicaragua pasase de producir tan solo un 25% de electricidad con fuentes renovables, a superar el 80% y se espera que para el 2021, gracias a la inversión pública y privada se llegue al 100%.  Nicaragua es entonces, desde un punto de vista energético, un polo de atracción de inersiones.

A la energía eólica se le suma la biomasa llegando ocupando un segundo lugar y la fotovoltaica en el tercero operan fuera de la red como el sistema aislado de San Juan de Nicaragua y a futuro la planta de 3 MW de Corn Island.  Este proyecto, inaugurado el 13 de julio de 2019 suma más energía renovable a la matriz nicaragüense impactando a siete mil habitantes de dicha isla y se calcula que tendrá la capacidad de reducir más de tres toneladas de CO2 anualmente.

Finalmente viene el caso costarricense.  Desde la fundación del Instituto Costarricense de Electricidad en 1949, el cometido fue el generar energía con fuentes renovables. No cabe duda que las energías renovables están en el ADN del ICE; no en balde el artículo 1 del Decreto Ejecutivo 449 de 1949 en parte señala: “Artículo 1º.- Créase el Instituto Costarricense de Electricidad, en  adelante llamado el Instituto, al cual se encomienda el desarrollo  racional de las fuentes productoras de energía física que la Nación posee, en especial los recursos hidráulicos.”

Durante décadas Costa Rica ha basado su matriz de energía eléctrica en la fuerza hidráulica lo que le ha permitido ser de los pocos, si no que el único, en el mundo de presumir que genera energía eléctrica a través de fuentes renovables por incluso más de 300 días al año.  Sin embargo recientemente el ICE anuncia que pone fin a la era de plantas hidroeléctricas[2].

Esta decisión fue celebrada mucho por el sector empresarial (extrañamente el sector ambiental no se ha pronunciado) considerando que la construcción de esta infraestructura por parte del ICE ha implicado importantes sobrecostos que impactan en las tarifas eléctricas restando la competitividad al país.  Por el momento, el país cuenta con alrededor de un 113% de capacidad sobre instalada por lo que se prevé que no será sino hasta el 2027 en que se revise si es necesario aumentar la capacidad de generación, y si es así, se estaría privilegiando la energía geotérmica en donde se estima un gran potencial. Sin embargo, el ICE debe de tomar muy en cuenta que el mayor potencial para energía geotérmica se encuentra en los parques nacionales y, proyectos de explotación en dichos sitios, ha generado gran oposición de grupos ambientales que consideran que los parques nacionales deben casi que tener la categoría de santuarios.

Un aspecto que llama la atención es que el ICE no pareciera estar considerando entre sus planes que la energía distribuida puede ser una importante alternativa de generación permitiéndose incluso visualizar la creación de plantas virtuales. Esto no es de extrañar en vista del intenso debate que el Ministerio del Ambiente y Energía está teniendo con el sector de la energía distribuida para eliminar trabas innecesarias e incluso que carecen de fundamento técnico y que su aplicación depende más de la interpretación del funcionario de turno de la compañía distribuidora a la cual se le solicita el permiso (se aclara que las principales trabas provienen por parte del propio ICE y su empresa distribuidora la CNFL).

Vimos como El Salvador y Nicaragua están experimentando un cambio de visión que lógicamente ha tardado varios años, pero los números demuestran que el cambio es positivo. Costa Rica sin embargo, a pesar de su innegable éxito, parece estar en un punto de inflexión y estancamiento, en donde el desgaste se da más en postergar la discusión del siguiente paso que hay que dar y la meta a la que se quiere llegar.  A juicio del suscrito hay que reconocer que hay jerarcas que están dispuestos a dar ese paso, pero el mensaje no cala hasta ciertos mandos medios que se resisten al cambio. Esperemos que los Ticos, al igual que en el pasado, tomen la decisión correcta pensando en las generaciones venideras y la competitividad que el país requiere dado su alto índice de desempleo.

Hay señales que dicen que sí, y una oportunidad para ello es la movilidad eléctrica a la cual, poco a poco, Costa Rica está apostando y no solo vehículos particulares, también un gran proyecto de ferrocarril eléctrico al cual nos referiremos posteriormente.

Definitivamente, Centroamérica es, y seguirá siendo una región de contrastes.

[1]  Opinión: Mercado Eléctrico Regional ¿Hasta dónde quieren los centroamericanos que llegue? Pizarro Corrales. Juan Carlos. Energía Estratégica. 14 de enero de 20202. Extraído de https://www.energiaestrategica.com/opinion-mercado-electrico-regional-hasta-donde-quieren-los-centroamericanos-que-llegue/

[2] La Nación. ICE pone fin a era de plantas hidroeléctricas. Enero 29, 2020. Recuperado de  https://www.nacion.com/el-pais/infraestructura/ice-pone-fin-a-era-de-plantas-hidroelectricas/HHXZEA4ACNALFARVEZODJLNME4/story/