16 de agosto de 2017

Gastón Fenés

Por Gastón Fenés.
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Potencia con generación distribuida diésel importado alcanzó 1.800 MW

De acuerdo a los datos oficiales en diez años escaló a esa cifra, a pesar de que esta tecnología térmica se paga a precios muy superiores a cualquiera de sus variantes renovables. ¿Conviene impulsar generación distribuida para evitar la salida de dólares por compra de combustibles?

El Ministerio de Energía y Minería publicó el “Informe Estadístico Anual 2016”, presentando información y datos sobre todos los subsectores: petróleo y gas, combustibles, energía eléctrica, energías renovables, biocombustibles, gas licuado, entre otros.

Según se desprende del estudio, el parque eléctrico nacional presenta una capacidad de 33.901 MW, principalmente compuesto por centrales térmicas (20.764 MW) y energía hidroeléctrica (10.682). Sumando todas las renovables, apenas alcanzan 700 MW: (187 eólica, 9 MW solar fotovoltaica, 488 Pequeños Aprovechamientos Hidroeléctricos, 17 Biogás). La nuclear, por su parte, escaló a 1.755 MW.

Lo que llama la atención de este informe es la evolución de la generación distribuida en pequeñas centrales térmicas que utilizan gasoil, en su gran mayoría importado del exterior. En 2007, existían 26 MW instalados, pensado en su momento para garantizar la estabilidad del sistema en zonas con falencias de infraestructura. Lo que en realidad comenzó como una “urgencia”, terminó siendo una opción de base: hoy existen 1.834 MW instalados.

En 2016, el Gobierno tuvo que acudir a esta opción para evitar cortes de energía, adjudicando 2.871 MW, de los cuales 1.915 MW fueron en una primera etapa y los otros 956 MW como producto del llamado a mejorar las ofertas económicas.

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El precio promedio de la potencia ofertada, se ubicó en el orden de los 19.183 USD/MW-mes.

Estos equipos utilizan gasoil importado y Argentina importa grandes cantidades para producir energía eléctrica: pasamos de 70.000 m3 a 2.239.526 m3 de gasoil importado entre los años 2002 y 2015. Más de 1.500 millones de dólares ‘producidos’ en Argentina que se ‘exportan’ para pagar combustible producido en otros países para generar energía en nuestro país.

Por estas razones, los motores diesel sólo se utilizan cuando son estrictamente necesarios. El sistema eléctrico argentino está organizado para que primero funcionen los equipos más competitivos y menos contaminantes (las energías renovables tienen prioridad de despacho). A medida que la demanda eléctrica crece, se ponen en marcha los equipos más costosos. Los picos de la demanda eléctrica obligan al sistema a funcionar con energía muy cara. Y muy contaminante.

Es de esperar que el regreso a marcos regulatorios previsibles genere incentivos correctos para revertir la tendencia que marcan los últimos años. Se avanzó mucho en la incorporación de formas de producción de energía más eficientes. Pero queda mucho camino por recorrer. Del lado de la producción, se debe regular, y pronto, la energía distribuida aún en discusión parlamentaria. Del lado del consumo, establecer mecanismos inteligentes para fomentar la eficiencia en el consumo de energía, en especial en los picos de demanda.

En ambos casos, se deben dar las señales e incentivos para que los propios actores que pagan los costos (los generadores, los comercializadores, la demanda) puedan conocer sus alternativas y optar de modo inteligente, según reglas de mercado claras y estables.

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