22 de septiembre de 2014

Melisa Morini

Por Melisa Morini.
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El cambio climático y la necesidad de impulsar las energías renovables

La emisión en aumento de gases de efecto invernadero preocupa a especialistas en materia de desarrollo sustentable, que proponen a las tecnologías alternativas para contrarrestar el impacto. ¿Cuáles son las trabas que frenan su desarrollo? Presenta y realidad de la industria.

La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó este año las 400 partes por millón y es Norteamérica el país más contaminante, con una generación promedio de 25 toneladas anuales de C02 por persona. En este contexto, la quema de combustibles fósiles es la causa principal del efecto invernadero, y en Argentina, el 80 por ciento de la electricidad es producto de dicha acción.

Con relación a esto, el Ing. Rodrigo Herrera Vegas explicó que “el 74% de las emisiones mundiales derivan de la obtención de energía”, siendo el carbón el principal proveedor con una expulsión de 974 gramos de CO2 por KW/h. Lo suceden el gas natural y los combustibles líquidos, que muestran impactos en el ambiente de magnitudes considerables.

En el marco de la Jornada Universitaria de Ciencias Agrarias (JUCsA 2014), el co- fundador de la empresa Sustentator, señaló a las renovables como una posible solución para el problema e indicó: “La energía solar fotovoltaica, la eólica y fundamentalmente la solar térmica, son limpias y aportan al cambio climático; mientras que el biocombustible permite ahorrar emisiones en un 78%”.

En pos del objetivo, el profesional destacó la importancia de diversificar la matriz energética y empujar a un consumo eficiente de los usuarios, dentro de los límites del territorio nacional.

Frente a esto, el ejemplo de países vecinos vuelve a cobrar vigencia: “Brasil tiene 46% de renovables; en principio porque tiene una cantidad importante de diques, pero también porque ha desarrollado la ‘alconafta’ y muchos de sus vehículos funcionan con alcohol. Éste proviene de la caña de azúcar que es un recurso renovable”, dijo el especialista.

“La energía solar fotovoltaica requiere de una fabricación intensiva, que incluye energía y mano de obra, por lo que la amortización de lo invertido se produce actualmente en un plazo de cuatro años. Con mejoras energéticas, el tiempo puede reducirse a la mitad”, aseguró el Ingeniero.

Celdas de segunda y tercera generación, de componentes más económicos y bajo costo de mantenimiento, presentan un repago actual de 36 meses y con posibilidades de disminuir a 12. Algunos sistemas de tecnología solar térmica, por su parte, recuperan la inversión en un lapso de entre 3 y 5 meses: todo un record.

“Se trata de los equipo CSP, que funcionan en lugares soleados y son amigable con el ambiente. Además, pueden adaptarse para producir energía las 24 horas, aprovechando el calor acumulado también durante la noche”, dijo el experto al respecto. La eficiencia de la tecnología es tal, que se estudia utilizarla para que el Norte de África pueda abastecer la demanda energética de Europa.

Para terminar, Herrera Vegas se explayó sobre la energía éolica: “Molinos similares pueden instalarse en el agua y funcionar mediante la fuerza de las corrientes arrastrando ventajas ambientales: supervivencia en la fauna, funcionamiento continuo y nula interferencia en el tránsito marítimo. La inversión se recupera en unos 14 meses aproximadamente y como el agua es más densa que el aire, la producción energética es también mayor”, culminó.

 

 

 

 

 

 

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